Opinión

Convergencia se echa al monte

David Ortega Gutiérrez | Martes 27 de marzo de 2012
Malas noticias para los demócratas, el nacionalismo catalán de CDC decide echarse al monte. El pasado fin de semana Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) tuvo su Congreso en el que, por primera vez en su historia, se proclama abiertamente el independentismo. Se argumenta que la Nación catalana necesita de un Estado propio para evitar la asfixia fiscal que sufren los catalanes. Igualmente se sostiene que el Estado español no respeta la identidad lingüística y cultural de Cataluña y que el catalanismo soberanista del siglo XXI debe guiarse por la senda de la independencia.

Convergencia Democrática de Cataluña es el socio mayoritario del actual partido en el gobierno de la Generalidad, CiU. Tradicionalmente CiU ha sido un partido democrático, que se ha caracterizado por la sensatez y el sentido de Estado, al menos hasta finales del siglo XX. Sin embargo, desde la reforma del Estatuto de Cataluña que se aprobó en agosto de 2006, CiU ha jugado un peligroso papel al margen de los límites de la democracia, que tanta lucha y esfuerzo ha costado conseguir a España en sus dos siglos de historia constitucional.

La argumentación para rechazar de plano la deriva independentista de CDC es muy sencilla, se rompe frontalmente el pacto constituyente de nuestra transición política que culmina con la Constitución de 1978 (CE). Tradicionalmente España, desde la Constitución de Cádiz de 1812 hasta la Constitución de 1978, ha demostrado ser un país de poca estabilidad democrática e institucional, poco dispuesto al respeto a las reglas de juego democrático, que tienen un pilar básico, esencial e indiscutible: el respeto al Estado de Derecho. Es lo que tienen las democracias consolidadas de Francia, el Reino Unido o Estados Unidos, el respeto a la norma no se discute, se sabe que fuera del Estado de Derecho hace mucho frío, los propios españoles hemos tardado dos siglos en aprenderlo. Parecía que con la Transición política de la dictadura a la democracia y la consolidación de la Constitución de 1978, la primera que realmente ha funcionado con eficacia en nuestra historia constitucional, comenzábamos a andar el camino de la modernidad, del progreso, de la democracia, del tren que perdimos en los inicios del siglo XIX.

Sin embargo, lamentablemente, parece que algunos quieren volver al monte, a vulnerar el pacto constitucional, el acuerdo que el 6 de diciembre de 1978 mayoritariamente votó todo el pueblo español. El independentismo que ahora proclama CDC es un torpedo a la línea de flotación de nuestra democracia. No hay democracia sin Estado de Derecho. No hay Estado de Derecho si no se respeta la Constitución. El artículo 2 de nuestra Carta Magna de 1978 es muy claro: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles…”. Esto es lo que rompe CDC, uno de los pilares claves del acuerdo de nuestra reciente democracia. Su proclamación independentista no cabe en nuestro Estado de Derecho, en nuestra Constitución de 1978, en nuestras reglas de convivencia democrática. El artículo 2 también reconoce la autonomía de las nacionalidades y la solidaridad entre todas ellas. Parece con CDC no comparte ninguno de estos dos principios, ni la unidad, ni la solidaridad.

Es una pena ver cómo después de dos siglos de lamentable historia democrática no hayamos aprendido mucho. Parecía que habíamos encontrado la madurez democrática y el respeto a la Norma Básica de convivencia, pero no, una y otra vez se cuestiona lo básico, lo esencial, la propia Norma de Convivencia que con generosidad y esfuerzo todos habíamos logrado. Realmente es una mala noticia que CDC se salga del pacto constitucional, del artículo 2 de nuestra CE, todos perdemos, se vuelve a romper el marco de convivencia. Es muy difícil que una Nación progrese si diariamente se cuestiona quién es y hacia dónde va. Pensaba que con la llegada de la democracia y de la CE ya habíamos resuelto estos problemas.