Alicia Huerta | Miércoles 28 de marzo de 2012
Los padres de Francia se han declarado en huelga de deberes. Al grito de “Ce soir, pas de devoirs!”, la principal asociación de padres de alumnos del país vecino inició el lunes una huelga de quince días, durante los cuales se ignorarán olímpicamente los deberes que se empeñen en seguir mandando los profesores para hacer en casa. Su intención es que las malditas tareas escolares, que la mayoría de las veces acaban haciendo ellos y no sus hijos, sean suprimidas para siempre. En primer lugar, dicen, porque nunca se ha demostrado su utilidad pedagógica: ¿va a aprender el niño en casa lo que en el colegio con un profesor no ha sido capaz de aprender? Estos padres están convencidos de que las obligaciones escolares en casa son una especie de “subcontratación pedagógica”, completamente innecesaria además. Si el alumno ya ha entendido la lección en clase, volver a estudiarla en casa sólo supone una pérdida de tiempo y si no la ha aprendido, tendrá que ser alguno de los progenitores quien, si es capaz, intente explicarla. En definitiva, se quejan de que se ven obligados a hacer el trabajo que tendría que haber hecho el profesor en clase.
Argumentan asimismo los progenitores galos, a los que ya algunos españoles pretenden seguir muy de cerca en sus reivindicaciones, que la obligación de realizar deberes en casa supone, por otra parte, un factor de desigualdad social que puede incidir negativamente en los niños menos favorecidos. Y no se refieren a los menos acaudalados, sino a aquellos que no cuentan con la posibilidad de que sus padres tengan el tiempo o la capacidad de hacer los deberes o, en todo caso, de echarles una mano. O como ocurre en algunas familias, puede que la separación de los padres implique para el niño andar con la mochila a cuestas de un lado para otro, en tardes pares o impares y en fines de semana alternos, sin saber qué libros, cuadernos o lo que sea necesitará en ese momento para cumplir con lo que el profesor mande “para mañana”. Sí, ya sabemos que los padres deberían poner a los hijos por encima de cualquier tipo de desavenencia sentimental y complicación laboral o de mera intendencia, demostrando su responsabilidad, pero, no nos engañemos, lo cierto es que el mundo para muchos no es el ideal. Y precisamente a esas edades, cuando todo se ve tan grande, tan importante, tan definitivo, parece de sentido común imaginar que habrá niños para los que los deberes sean causa de un estrés que va más allá de lo estrictamente intelectual.
Añaden también los padres franceses en huelga que las peleas más frecuentes con sus retoños se producen precisamente a la hora de tratar tan espinoso asunto. Por supuesto, al ministro de Educación, Luc Chatel, la “quincena sin deberes” le ha parecido todo un despropósito. Afirma, por su parte, que se trata de algo “doblemente injusto y demagógico”; que renunciar al esfuerzo que representan los deberes en casa es “catastrófico para el futuro de los niños” y que los propios padres amenazan con destruir todos los fundamentos del mérito, el trabajo y el esfuerzo. Está claro que los deberes diarios pueden ayudar a crear, como opina Chatel, un hábito de trabajo, de orden y superación, pero ¿no ha ocurrido con esto como con tantas cosas y, al final, lo que debían de constituir pequeñas tareas que ayuden a memorizar lo aprendido durante la jornada en clase, se han convertido en un trabajo que ha terminado por estresar hasta a los propios padres?
En nuestro país, la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos ya ha denunciado la “sobrecarga” de tareas escolares que los alumnos llevan a casa y crítica que en estos últimos años se haya incrementado el tiempo que los menores han de dedicar en casa a realizarlas, lo que a su juicio demuestra que la escuela “no responde adecuadamente a las necesidades educativas”. ¿Habría que pensar en un plan de estudios en el que toda la materia se pudiera tratar durante el horario escolar? ¿Hacer los deberes en el propio colegio? ¿Mandar deberes para casa sólo en vacaciones y en fines de semana? La polémica está servida y ya no parece que vaya a ser “para mañana”.
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