Javier Cámara | Jueves 29 de marzo de 2012
Esto de manifestarse o hacer una huelga en España es como la tómbola de la parroquia de mi pueblo, siempre toca, todo el mundo gana. Como era de esperar, el paro de este 29 de marzo ha sido general para los sindicatos, por lo tanto, un éxito que esperan sirva para cambiar la reforma laboral. Por el contrario, el Gobierno y los empresarios no ocultan su satisfacción ante una convocatoria que consideran ha fracasado.
Como argumentos reprobatorios para justificar que el éxito no haya sido absoluto unos dirán, con parte de razón, que los jefes siempre "se quedan con la cara" del que hace huelga y que, en el fondo, no se respeta este derecho porque el trabajador tiene miedo a las represalias; y otros afirmarán, con su misma parte de verdad, que sólo se deja de trabajar allí donde piqueteros y liberados sindicales amenazan, agreden y coaccionan a sus compañeros.
De esta forma, todos contentos con su éxito, pero ¿y ahora qué?
Ahora todo igual. El Gobierno seguirá con su reforma laboral, nos guste o no, y los sindicatos seguirán amenazando con más movilizaciones y revueltas sociales. Justo lo que tenían que haber hecho los últimos cinco años y no movieron un dedo. Aquí en España, un presidente congeló las pensiones, bajó el sueldo a los funcionarios, dejó los números más rojos que jamás hayamos visto y, lo peor, disparó "hasta el cielo y más allá" la tasa de desempleo y no se escuchó decir ni "mu" a los que ahora taladran los oídos del que piensa que era necesario hacer algo y que hay que darle tiempo a las medidas adoptadas por el Ejecutivo.
Uno de los muchos problemas que tienen los sindicatos es que ya no te puedes fiar de ellos. Sirve de ejemplo el sospechoso método que tienen para evaluar el seguimiento de una huelga. Tecnicismos al margen, si cuando se la montaron a Zapatero –que la siguieron dos– dijeron orgullosos que había sido un éxito y cuando se la han hecho a Rajoy –que la han secundado cuatro– señalan que también ha sido un triunfo, cabe preguntarse si es que las huelgas convocadas por ellos tienen asegurada la paralización del país. Pues bien, ni España se paró en 2010 ni se ha parado en 2012, lo que demuestra que su errática percepción de la realidad es casi tan arcaica como sus postulados políticos.
Y es que de eso se trata. Muchos de los epígrafes de la reforma laboral son criticables y mejorables –y bueno sería que así lo hicieran–, pero a nadie se le escapa el verdadero motivo de la convocatoria. La huelga no ha tenido más sentido ni más fin que el político. Porque el auténtico problema, lo que de verdad va a hundir a este país no es la merma de los derechos de los trabajadores, aunque nos duela a los que trabajamos, lo que realmente nos lleva a la ruina es el paro y por los que lo sufren no ha hecho huelga nadie. Para vergüenza de los sindicatos queda la nula gestión con ellos.
Y digo yo: ¿Y los parados qué? ¿Saben en UGT y CCOO el tiempo que llevan haciendo huelga más de cinco millones de personas sin trabajo? ¿Se han parado a pensar lo que afecta a un parado la reforma laboral? ¿Pueden decir honestamente Toxo y Méndez que han hecho todo lo que han podido por los que no pueden hacer huelga porque no tienen un puesto de trabajo al que faltar?
Parar, lo que se dice no trabajar, los parados no pueden parar más y la mayoría de éstos estarían más que encantados de verse sometidos al yugo esclavizador de la reforma laboral del Gobierno de Rajoy. Pero por ellos los sindicatos no han roto una lanza. Y si Toxo y Méndez contestan a mi pregunta que sí, que honestamente han hecho todo lo que han podido por los 5,3 millones de parados de este país, entonces tienen que dimitir por incompetentes. Lo siento, es lo que tiene ser jefes.