Domingo 01 de abril de 2012
Finalmente, el nuevo embajador español en Londres será Federico Trillo. Dicho nombramiento -efectuado, además, sin el placet británico- deja en muy mal lugar al titular de Exteriores, José Manuel García Margallo, quien aseguró a los pocos días de tomar posesión de su cargo que a partir de ese momento todos los embajadores serían diplomáticos de carrera.
Federico Trillo es doctor en derecho, jurídico militar y letrado del Consejo de Estado. Tiene, pues, una sólida preparación académica, a la que acompaña una dilatada experiencia política. Pero no es diplomático. Tampoco tiene especiales conocimientos internacionales ni experiencia en países extranjeros. Y la carrera diplomática española está cuajada de grandes profesionales con una experiencia similar en tiempo a la de Trillo, pero mucho más adecuada para el puesto de embajador que la que pueda aportar el político popular.
A tenor de la promesa incumplida de García Margallo, habrá que pensar que el nombramiento no es cosa suya, sino de Génova, o incluso del propio Rajoy. Sea como fuere, no es una decisión acertada. Máxime, tratándose de una plaza de primer orden como es Gran Bretaña. Nadie pone en duda las cualidades personales o académicas de Trillo, pero sí su nula experiencia diplomática para ir destinado a una embajada tan importante.
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