Opinión

La campaña presidencial en México

Marcos Marín Amezcua | Martes 03 de abril de 2012
En México ha iniciado la campaña presidencial el pasado treinta de marzo. Durará hasta el 27 de junio y se definirá en las elecciones presidenciales del domingo 1 de julio. Promete una primavera candente y que no será un paseo para ninguno de los partidos políticos fuertes, el PAN en el gobierno, y sus opositores PRD y PRI. El IFE, Instituto Federal Electoral, órgano regulador, ha llamado a no mancillar la inteligencia de los electores.

¿Qué tenemos enfrente? Por principio de cuentas un PRI que ha apostado por un candidato que sostiene en radio que prefiere los actos multitudinarios de acarreo para revitalizarlo, al estilo años treinta del siglo XX, y al que ha apostado su partido por casi cuatro años, como si fuera un gran gobernante sin serlo y que recurren a encuestas que amañan preguntas para obtener respuestas favorables que, aunque el candidato se equivoca frecuentemente en actitudes y declaraciones, nunca le mueven un pelo. Hay una explicación para ello: están trucadas, pues cabe recordar la frase de Disraeli (“la estadística es la forma elegante de mentir”) y los medios masivos de comunicación proclives al candidato priista, minimizan siempre sus enormes insuficiencias y errores.

La campaña de encuestas a favor de Peña Nieto no es menor. Aturde a un electorado al que se le provoca el desánimo para no resistirse y para no combatir, instándolo para que se resigne a que el priista Peña Nieto ya ganó sin haber contendido, tal y como en los viejos tiempos del PRI de siempre. No hay el nuevo PRI que aduce. La “encuestitis” pro-Peña Nieto es amañada.

La forma de preguntar determina la respuesta en una encuesta y no ha habido preguntas de fondo entre las que lo declaran puntero. Cuando las hay, sus números bajan estrepitosamente, pero pertenecen a encuestadoras que no son sus clientes. La clave es lo que se pregunta, las encuestas que dicen que Peña va adelante jamás lo hacen con esta puntualidad. Todo ese tejemaneje es un aliciente para cotejar otras campañas y otras posturas que no sean él. Lo digo basado en que alguna vez he trabajado en encuestas

Ellas han formado parte de la burda campaña sostenida para imponerlo sin elecciones previas, manipulando a la opinión pública, pues las elecciones son vistas por el PRI como mero trámite en franco desprecio por el voto popular, advirtiendo a la sociedad que nada, absolutamente nada le queda por hacer ante su enorme imagen de candidato guapo y triunfador que está lejos de ser, a juzgar por el gris desempeño como gobernador del Estado de México. Hay más. Su partido además, jamás aprendió a ser oposición y por lo tanto, ni se renovó en sus dirigencias ni en sus prácticas y corruptelas perfectamente documentadas. Acusan guerra sucia en su contra, pero solo sería eso si tales corruptelas no fueran ciertas, como lo son. Aún así y como si la cosa con fuera con él, el PRI, los priistas, se dice preparado para regresar a Los Pinos, la casa presidencial, pero es evidente que no lo están como alegan.

El PAN como partido gobernante aún se muestra dividido y carente del necesario impulso que requiere para afianzar su victoria. Esta costando mucho a su candidata, Josefina Vázquez Mota, levantar imagen, pero tampoco es imposible que derrote a Peña Nieto, cuando que el candidato del PRI sigue demostrando que antes que propuestas concretas, apuesta por frases trilladas y espacios comunes sin programa con rumbo, como acusaron sus propios correligionarios. Eso significa que trae bajo el brazo mucha verborrea y frases comunes que, infladas y huecas, nada le dicen a los electores, puesto que no se comprometen a algo específico.

Para el PAN debería de representar una oportunidad. El reto es y ha sido enorme, puesto que no olvidemos que su gestión ha tenido que revertir los muchos problemas que dejó el PRI con su carencia de vocación expresada por 70 años y que solo por citar dos ejemplos, dejó aparte del corrupto corporativismo sindical que maniató la gestión panista, una debacle económica en la última devaluación provocada por el PRI cuando gobernaba, que se tradujo en que el país se hundió en 1994 en una noche a índices de crecimiento propios de los años treinta del siglo pasado. Contra eso ha lidiado el PAN.

La panista podría esbozar, necesita esbozar un mejor discurso, si pretende remontar números y mejorar su imagen ante los electores. Recordemos que tiene en contra el ser la candidata del partido gobernante.

El candidato de las izquierdas enfrenta dos grandes problemas: justo ser de “izquierdas” pues la división de su corriente ideológica, ha optado por defender sus propios intereses de grupo, pese a compartir candidato presidencial. Se suma a ello que no ha renovado su discurso desde 2006.

También hay que decir con toda prontitud que Andrés Manuel López Obrador abandonó de facto el PRD para trasladarse al Partido del Trabajo, un partido sin pena ni gloria y sin ser expulsado del otro (es evidente la ilegalidad de moverse simultáneamente en dos institutos político) y ha creado estos últimos años un movimiento paralelo por fuera del sistema de partidos reconocido por la ley, consolidando células que conforman el llamado Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), un juego de palabras en su acrónimo que apuesta de forma racial (al filo de la legalidad) por el tono de piel de la inmensa mayoría de los mexicanos. Es una red de corte similar a las creadas por Hugo Chávez, lo cual nos recuerda y ya anticipa sus nexos y simpatías.

Tales células han servido de sustento solo para promover su imagen. En apariencia son pacíficas e inocentes promotoras del voto y de momento se han quedado en eso. No se me escapa que suelen ser el camino seguido por partidos totalitarios que terminaron por asesinar a la democracia allí en donde surgieron. Y sí, empezaron pacíficos e inocentes. Y por supuesto que no se van a detener. De momento no han logrado que su candidato supere los 20 puntos promedio en las preferencias, pero sí es una red diseminada por todo el país y es una herramienta de choque que no tenía en 2006, cuando perdió la elección anterior. Piénsese que en 2006 levantó hasta un 36 % de preferencias.

La campaña apenas empieza. Faltan tres meses rudos que nos tendrán en la máxima tensión. El desgaste se anticipa.

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