Opinión

Mingote y la Generación de “La Codorniz”

Juan José Laborda | Miércoles 04 de abril de 2012
La muerte de Antonio Mingote (1919-2012) es también la de uno de los últimos miembros de “la otra generación del 27”. Su biografía puede servir como ejemplo de lo que significó esa pertenencia.

La Guerra Civil definirá sus rasgos comunes.

Mientras los miembros de la “Generación del 27”, o fueron asesinados durante la contienda (como Federico García Lorca), o se exiliaron después (como Rafael Alberti, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Luis Buñuel y un largo etcétera), o se auto-exiliaron durante el franquismo (como Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, y en cierta medida, Gerardo Diego), la llamada “otra generación del 27” se integró decididamente en la España de la postguerra.

Miguel Mihura, Edgar Neville, “Tono”, Enrique Jardiel Poncela y José López Rubio, según Pedro Laín Entralgo, fueron los integrantes fundamentales de ese grupo generacional. Alguno de ellos, como el fabuloso dibujante “Tono” (Antonio de Lara ), compartirá con Mingote amistad y gloria por sus dibujos y grabados.

Como otros representantes de ese grupo, Antonio Mingote será alistado en el Ejército triunfador de la Guerra Civil. Al terminar ésta, inicia una serie de proyectos literarios y gráfico-artísticos en los que participarán personalidades que, como poco, no simpatizaban con el Régimen del general Franco. Será una de las primeras experiencias públicas de reconciliación en la España de la posguerra.

La amistad con Rafael Azcona será importante para el joven Mingote. Hacia el año 1946, el que sería el mejor guionista del cine español (y uno de los mejores del mundo) estaba cooperando con Álvaro de Laiglesia en sacar adelante la revista humorística “La Codorniz”. Mingote trabajó para ella: no sólo era un buen escritor (su novela “Las palmeras de cartón” es de 1948), sino que además dibujaba.

“La Codorniz” fue la continuidad de otra revista humorística: “La Ametralladora”. Esta última se editó durante la guerra (1937-1939), por el ejército de Franco en Salamanca, y al principio no tuvo otro propósito que divertir a los combatientes con sátiras contra el enemigo. Pero su director era Miguel Mihura (estando en San Sebastián refugiado empezó a regirla), y pronto “La Ametralladora” fue cobrando el tono surrealista, vanguardista y de humor absurdo que Mihura cultivaba.

Terminada la contienda, Mihura continuó con el proyecto: “La Codorniz” había nacido. Reunió un magnífico equipo de colaboradores, entre los que se encontraban Rafael Azcona y “Tono”, y tenían como redactor jefe a Álvaro de Laiglesia.

La revista se vendía bien. El caso fue que Mihura aprovechó las circunstancias para ofrecer “La Codorniz” al conde de Godó, el editor de “La Vanguardia”. Corría el año 1944. Godó encargó a Álvaro de Laiglesia la dirección del semanario humorístico, y fue entonces cuando “La Codorniz” se convirtió en uno de los proyectos editoriales más representativos de la sociedad española de aquellos años. “La revista más audaz para el lector más inteligente” (como se definió en su cabecera) se editó hasta 1978. Mingote participó en los primeros tiempos de la revista. Después se convirtió en el símbolo de ABC. Pero conservaría siempre la rebeldía de “La Codorniz”.

Antonio Mingote formó parte de una pléyade de escritores y dibujantes excepcionales. Su escritura ha ido pareja con su creación gráfica. Ha escrito novelas, teatro, guiones cinematográficos, etcétera. Su sillón en la Academia Española se debe a su condición de escritor, pero de escritor que ilustra las narraciones con sus propios dibujos.

Él ha sido un destacado representante –y un ejemplo también- de una generación, y luego de una saga de artistas, en la que se encuentran: los ya citados “Tono”, Azcona, Mihura y Laiglesia; a los que se añaden: Lorenzo Goñi (otro genio como “Tono” y como Mingote), Chumi-Chumez, Gila, Serafín, Pablo (San José), Kalíkatres (Ángel Menéndez), Manolo Summers, El Perich (Jaume Perich), José Luis Coll, OPS (Andrés Rábago) y Antonio Fraguas “Forges”, entre otros.

En estos tiempos que vivimos, el humor inteligente es imprescindible. Por eso le echaremos de menos.

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