Miguel Ors | Lunes 14 de abril de 2008
Casi hecho. ¿Campeón de Liga el Real Madrid? Virtualmente, sí. Casi sí, casi hecho. El Real Madrid, con su fajo de millones de euros, que diría Javier Clemente, huele la Liga más por deméritos de los demás que por méritos propios. Contra el Murcia, oía yo a mi lado, cerca de mí, a un abonado distinguido y de sentido común:"Eso que dice Cruyff que de fútbol, aun sabiendo mucho, nunca se sabe lo suficiente es verdad. Con estos jugadores, todos de mucho coste y algunos de coste incluso excesivo, ¿cómo se explica que el real Madrid juegue tan mal? Da pena verlo a trancas y barrancas contra el "pobre" Murcia, contra este Murcia de jugadores de calidad técnica entre cuatro y seis a lo sumo de nota media. Me pregunto si Schuster sabe también lo suficiente de fútbol, y si sabe lo suficiente, que es de suponer que sí, ¿por qué juega tan mal este Real Madrid?".
Koeman, Schuster, Rijkaard. Los tres hombres sobresalientes en el fútbol, al menos en su día como jugadores. Hoy, los tres poco menos que fracasados. O sencillamente fracasados sin poco menos. Koeman, en el Valencia, sobre no haber sido balsámico, ha empeorado la situación, y su "clavo ardiente", al que se agarra para no cerrar con cero catastrófico la temporada, es la final de la Copa del Rey frente al Getafe. De ella depende su ser o no ser, si bien él, cuando le preguntan, reitera su hostilidad a la dimisión. Puestos en su lugar, todos haríamos igual que él: ¿por qué dimitir y perder así, con gesto tan insólito en este país, un colchón para el futuro de ciento de millones? No seamos hipócritas. Hace bien en no querer dimitir, porque el mundo, tal vez penosamente, no digo que no, cada día es menos ético y más impúdicamente cartesiano. Los catalanes dicen esto de esta otra manera: la pela es la pela.
Schuster. Como "director de orquesta", cero patatero también. Que siga o no siga es otra cuestión. Por lo que a Rijkaard se refiere, triunfó como futbolista y ha dado al Barça, como entrenador, dos años de gloria de arco iris. Pero "está cascado, caducado, pasado", leo.
Cruyff tiene razón: nunca se sabe lo suficiente de fútbol.
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