América

Las artes marciales mixtas, un negocio en auge en América Latina

Fiebre por los clubs de lucha

Miércoles 04 de abril de 2012
América Latina se rinde a las artes marciales mixtas, dejando los guantes de boxeo y las máscaras de lucha libre para adentrarse en el cuadrilátero de la lucha extrema, en el que cada año suma a un mayor número de jóvenes adeptos que buscan medir su fuerza con el muay thai, el sambo o el jiu-jitsu brasileño y hallar fortuna en el millonario mundo de las peleas.


En los últimos años los salvadoreños de entre 17 y 26 años se han hecho aficionados al sambo, un violento estilo de lucha concebido en la antigua Unión Soviética para la defensa del ejército rojo, que es toda una tendencia en el país centroamericano, en donde aumenta el número de gimnasios que se dedican a enseñar este arte marcial inspirado en el judo japonés, combinando técnicas del boxeo inglés, el muay thai tailandés y vale tudo (vale todo) brasileño.

Tras el auge en la década de los noventa de la lucha extrema con competiciones como el Ultimate Fighting Championship (UFC) o el PRIDE Fighting Championships, que permitió el desarrollo de nuevos estilos de combate cuerpo a cuerpo, mediante la fusión de diversas artes marciales tradicionales; cambió la tendencia en los cuadriláteros, más allá de la influencia de las películas de Steven Segal o Jean Claude Van Damme.

Los puñetazos del boxeo y las llaves de la lucha libre han sido paulatinamente relegados a un segundo plano, ante el auge de un espectáculo más violento y real, que genera tanta adrenalina para quienes lo siguen como los millones de dólares para los luchadores, sus representantes y patrocinadores. Por pelea un campeón de artes marciales híbridas podría llevarse entre 500 mil y 2 millones de de dólares en el bolsillo.

Por lo que América Latina no está exenta de la fiebre del UFC y del auge de sus clubs de lucha en donde además de sambo, se enseñan otras artes marciales híbridas como jiu-jitsu brasileño, shootfighting, san shou, kenpo, kick boxing o muay thai. Todo un fenómeno que se pone a prueba en circuitos de competición oficiales y clandestinos que van desde Argentina a México, este último sede del Xtreme Fighter Latino.



Muchos jóvenes latinoamericanos ven en la práctica de las artes marciales mixtas (AMM) la oportunidad de no sólo mantenerse en forma y aprender a defenderse, sino también una alternativa para hacerse un hueco en el mundo de las peleas.

Según Guenadi Gálvez, propietario del gimnasio Pumas en San Salvador, muchos de sus 150 alumnos han participado en combates tanto en El Salvador como en el extranjero.

“A los muchachos se les enseña defensa personal, algunos ya han practicado algún arte marcial y eso facilita la práctica del sambo, que es disciplina, soportar el dolor, saber usar con contundencia la fuerza cuando es necesario. Es eso, una práctica donde hay violencia”, explicó Gálvez en una entrevista concedida a la agencia AFP, a la vez que defendió que los jóvenes tienen derecho a ganarse la vida como luchadores y probar las mieles de la fama.

Como los ídolos de la AMM latinoamericanos, los hermanos Hélio, Carlos y Royce Gracie, pioneros en la modernización y difusión del jiu-jitsu brasileño; su compatriota Anderson Silva o el mexicano-estadounidense Tito Ortiz, ambos campeones UFC en 2006 y 2000, respectivamente.

Brasil: la potencia

Si bien las afición por las artes marciales mixtas se ha extendido a lo largo y ancho del continente latinoamericano, teniendo un especial auge en México, Guatemala o Puerto Rico, Brasil se consolida como la potencia a seguir en los circuitos del AMM, ya que desde el 2002 suma siete campeones, llevando al jiu-jitsu y al vale tudo,-una modalidad de combate estilo callejero que combina pelea en suelo con golpes y patadas-, a la gloria de la lucha extrema.

Figuras como Marco Ruas, Pedro Rizzo, Murilo Bustamante, el clan Gracie y el último campeón del UFC 2011 en la categoría de peso pesado, Junior Dos Santos, han creado escuela en la AMM, contribuyendo a la expansión de este deporte tanto en Sudamérica como en el resto del mundo.

Esta nueva generación de gladiadores toma la batuta dejada por los reyes del cuadrilátero como el estadounidense de origen hispano, Óscar de la Hoya; el panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán; el argentino Carlos Monzón o el puertorriqueño, Félix “Tito” Trinidad.

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