METÁFORA DE LAS NUEVAS GENERACIONES
Jueves 05 de abril de 2012
Si esto se acabara mañana, de Pablo Paz, Rocío García-Cano y Fernando Soto
Director de escena: Fernando Soto
Movimiento escénico: Carmen Angulo
Intérpretes: Pablo Paz y Rocío García-Cano
Lugar de representación: Sala Triángulo. Madrid
Por RAFAEL FUENTES
La crisis ha arrinconado a obras teatrales clásicas dentro del espacio de las salas alternativas, pero todavía queda un pequeño resquicio para que éstas ofrezcan lo que le es más innato: la investigación escénica. Este resquicio es el que aprovecha Si esto se acabara mañana para ofrecer un ejercicio de experimentación radical donde explorar nuevas formas de comunicación teatral basadas en la creación colectiva. Dos viajeros acceden a los asientos de su avión –todo el público lleva, en realidad, las mismas tarjetas de embarque-, y en tanto la aeronave inicia su vuelo ascendente, un estruendo, quizá una explosión, quizá un simple sueño, transfigura el vuelo real en otro quimérico y alucinado: este es el verdadero viaje de la obra.
En nuestro imaginario colectivo, la palabra volar está asociada a la idea de libertad. Pero este vuelo no es precisamente un sinónimo de liberación, sino todo lo contrario: es un vuelo onírico a los grandes y pequeños miedos que han frustrado la emancipación de los personajes. Nos trasladamos a un viaje a las pequeñas angustias y los grandes terrores, a toda la gama de cobardías que atenazan la realización de los sueños, que inmovilizan sus aspiraciones y bloquean sus deseos. Si esto se acabara mañana todas esas esperanzas habrían muerto irrevocablemente, sin haber realizado aquello que deberían haber llevado a cabo. En el transcurso de este onírico viaje la pasajera recuerda aquel cuento popular según el cual los elefantes de circo son amaestrados nada más nacer para que se queden inmóviles atados por una diminuta y débil cadena. Cuando crecen, y su fuerza es tan poderosa que pueden arrancar esa pequeña cadena con un simple gesto, siguen, sin embargo, atrapados e inmovilizados por ella, quizá por costumbre, quizá por miedo, quizá por inseguridad y desconocimiento de su propio poder para zafarse de tan frágil atadura. La obra se convierte así en una invitación a inspeccionar nuestro auténtico poder para romper con todos los endebles nudos que nos paralizan como grilletes y de los que nos liberaríamos con un mero ademán de valentía.
Por descontado que la dramaturgia experimental empleada impide reducir el drama a un significado unívoco. La desnudez escénica, la condensación del sentido en imágenes coreografiadas, la limpieza de la acción unida a la incertidumbre construyen una dramaturgia sustentada más en las ambivalentes imágenes oníricas que en palabras explicativas racionales. Lo que trasmite este teatro se debe –solo se puede, en realidad- sentir, mucho más que comprender en términos lógicos. Una de las grandes ventajas de la creación colectiva es que el grupo logra expresar muchas más cosas de las que ha conceptualizado en términos mentales.
Dentro de este territorio de expresividad emocional e intuitiva parece percibirse un motivo más hondo de desencanto. Podría señalarse que los personajes de Si esto se acabara mañana se han instalado en un nuevo país de Nunca Jamás profundamente quebrado, donde los sueños solo son entrevistos, pero nunca han adquirido un perfil nítido, allí donde los deseos poseen una figura extremadamente borrosa y las aspiraciones carecen de un contorno claro. Los personajes no han establecido metas claras hacia donde dirigirse, y eso hace más trágica la nave del avión convertida finalmente en un triste y desdibujado circo humano. Es una pesadilla sublevarse y luchar por metas que no han adquirido auténtica forma y provocan una profunda duda. Ahora, al elefante, no le basta con romper su pequeña atadura, ni tampoco le es suficiente ser libre, ahora se enfrenta al gran problema de cómo usar su libertad, qué hacer con ella y a dónde dirigirse, porque indudablemente las mayores dificultades se plantean cuando tenemos libertad.
Indagando aún más en el contenido instintivo y emotivo del drama, Si esto acabara mañana expresa de un modo muy contundente, en términos de pesadilla, la percepción del mundo de las nuevas generaciones que se han incorporado a la vida social en un momento de vasta bancarrota. Es extraordinariamente significativo el alto reloj parado que preside la acción de los personajes. Evocando ligeramente el reloj de la Puerta del Sol –el del cambio de año, el del 15-M-, detenido en las 12 horas de no se sabe qué mes, ni que año, sin avanzar ni retroceder en ningún sentido, proyecta sobre los jóvenes personajes el gran tiempo muerto en que ha nacido esta generación. Cada vez que el reloj da sus campanadas, sus manecillas permanecen inmóviles, por más que varios letreros adviertan: “Preguntar por el creador de las reglas del juego no está permitido por las reglas del juego”, y así sucesivamente.
Está fuera de lugar dirimir si esta percepción es objetiva o subjetiva, ya que lo fundamental reside en esa contraposición entre las grandes energías que sienten las nuevas generaciones y ese tiempo muerto que impide, e incluso aún peor, borra todas sus metas. Cabe agradecer a la dirección de Fernando Soto que no haya derivado esta sensación de no futuro hacia una fácil estética gótica y desgarrada, ya que esto habría anulado el gran contenido de esperanza que, pese a todo, se mantiene vivo hasta el final, a pesar de ese tiempo muerto con reglas incomprensibles en que se encuentran instalados. Agradecimiento extensible a los jóvenes actores Pablo Paz y Rocío García-Cano por no sobreactuar ni la desesperación ni la esperanza, incrementando la veracidad de la obra, particularmente en Rocío García-Cano, que tanto nos ha hecho reír en piezas de carácter cómico y que aquí revela un registro sobrio y natural que no le conocíamos. Y a los tres en su conjunto por esta creación colectiva que constituye un inapelable testimonio generacional de nuestro presente.
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