Opinión

Situación crítica en Malí

Jueves 05 de abril de 2012
La crítica situación por la que atraviesa Malí empeora a pasos agigantados. Desde el golpe de Estado del 22 de marzo, que ha llevado al poder a una Junta Militar, liderada por Amadou Sanogo, tras derrocar al Gobierno de Amadou Toumani Touré, el país africano es presa de la violencia y el hambre, en medio de una crisis de enorme calibre. Según datos de la ONU, más de 200.000 personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, a causa del conflicto bélico desatado, y Estados Unidos ha advertido expresamente de que la integridad territorial de Malí corre un gran peligro, pues, prácticamente, en estos momentos, el país se halla dividido en dos partes: una en manos de la Junta Militar, que cada vez aparece como más incapaz de controlar el caos; y otra dominada por los rebeldes tuaregs, cuyo progresivo y creciente avance fue el pretexto esgrimido por los militares para dar el golpe de Estado. Los tuaregs vienen protagonizando desde hace años varios levantamientos con el propósito de que se les reconozca su autonomía o la posibilidad de crear un país propio en la región, pero se hicieron especialmente fuertes el pasado enero, gracias a los refuerzos de combatientes seguidores de Muamar el Gadafi, que han aportado un buen caudal armamentístico.

Por si los acontecimientos no revestían suficiente gravedad, los integristas islámicos están aprovechando el avance de los insurgentes para afianzarse en Malí e imponer en todo su territorio la sharía –ley islámica-, como ya han hecho, al grito de “Alá es grande”, en las ciudades que dominan, entre otras, Kidal y Tombuctú. Y, en un paso más de gravedad, preocupa y mucho, como han señalado expertos en la realidad africana, las relaciones que mantienen los salafistas con los terroristas de Al Qaeda.

La directora de la Unesco, Irina Bokova, ha pedido a las facciones en guerra que respeten el patrimonio artístico de Tombuctú, mítica ciudad protegida por la ONU. Sin duda, preservar ese patrimonio es importante, pero ello va unido a poner coto a lo que está sucediendo en Malí, con una población civil indefensa ante las partes en conflicto, que se adentran en una cada vez más encarnizada lucha por el poder, en una guerra que puede desestabilizar la zona hasta extremos impredecibles. Y especialmente urgente resulta, como ha señalado el ministro de Exteriores francés, Alain Juppé, que la comunidad internacional se movilice contra el peligro islamista. Malí no puede convertirse en un feudo de Al Qaeda, en un cuartel general del terrorismo.