Opinión

La resurrección de Cristo

Ignacio Sánchez Cámara | Sábado 07 de abril de 2012
La Semana Santa es la conmemoración del padecimiento, muerte y resurrección de Cristo. Si Él no resucitó, nada hay que celebrar. Pero hoy tendemos a devaluar y “naturalizar” todo. Nada puede ser sobrenatural. Y que un muerto resucite no puede ser natural. Quizá peor que la negación del cristianismo sea su “naturalización”, su conversión en mera doctrina, es decir, la “naturalización” de la fe y el escamoteo de lo sobrenatural.

Mucho debe la cultura al cristianismo, pero él no es sólo un hecho cultural. Mucho debe el arte al cristianismo, pero él es mucho más que un poderoso estímulo estético. Mucho debe la moral al cristianismo, pero él no es sólo una doctrina moral. Mucho es lo que la vida política debe al cristianismo, pero él no es una ideología política. Mucho es lo que las tradiciones populares deben al cristianismo, pero él no es una mera tradición popular. Quizá nada haga tanto daño al cristianismo como reducir a Cristo a la condición de un gran hombre que enseñó una sublime doctrina moral. No: o resucitó o fue un farsante; nunca sólo un gran hombre.

Ser cristiano es aceptar la doctrina de Cristo, sólo si se incluye su pretensión de ser Dios, de ser el Camino, la Verdad y la Vida, su promesa de resucitar. Ser cristiano es creer en un Dios que se hace hombre por amor a cada hombre, que muere por amor a cada hombre y que resucita para salvar a cada hombre. Y ser católico es creer que la Iglesia Católica es la heredera y depositaria de esa Verdad de Cristo resucitado. Sé que no hay nada original en lo que acabo de escribir, pero creo que es muy necesario decirlo.


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