Martes 10 de abril de 2012
Las aguas vuelven a su cauce tras la polvareda levantada por las palabras del obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, en las que parecía vincular homosexualidad y prostitución. Sus posteriores aclaraciones, según las cuales a lo que se refería era a la prostitución homosexual como conducta reprobable, fueron tan confusas como tardías. Tuvo que ser el cardenal-arzobispo de Barcelona, Lluis Martínez-Sistach, quien arrojase un punto de sensatez al afirmar que los homosexuales “son personas como las otras y merecen todo la dignidad y el respeto”.
En la sociedad de hoy en día, hay ciertos discursos que rechinan. El propio Martínez-Sistach abordó el mismo tema tan torpemente comentado por monseñor Reig Pla pero con mucho más tacto y sensibilidad, reprobando “determinados comportamientos” al tiempo que dejaba clara la postura de la Iglesia Católica: “abrirse a todas las personas con sentimiento religioso”. Ese es precisamente el quid de la cuestión: sentimiento religioso y respeto, con independencia de la orientación sexual de cada uno. No es sólo lo que se dice, sino cómo se dice. Y es un hecho que las palabras de monseñor Reig Pla fueron absolutamente desafortunadas.
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