Domingo 15 de abril de 2012
El fracaso del lanzamiento del último misil balístico por parte de Corea del Norte no ha desanimado a sus dirigentes, quienes ya han manifestado que volverán a intentarlo nuevamente. Más de la mitad del presupuesto norcoreano se gasta en fines militares, mientras sus habitantes sufren una carencia casi total de bienes de primera necesidad. En algunos sectores del país, la hambruna ya ha hecho acto de presencia, hasta el punto de que el gobierno se ha visto en la obligación de solicitar ayuda internacional. Una ayuda que, en el caso estadounidense, fue condicionada a que Pyongyang cesara en su política de provocaciones militares; algo, por lo demás, que se antoja bastante razonable.
No ha sido así. Corea del Norte sigue en su línea belicista de siempre, a sabiendas de que China la respalda. Ese mismo apoyo se le brinda también a Siria -aunque aquí, además, está Rusia-, Cuba y otros países cuyo denominador común es su política de desestabilización. Así las cosas, China debería replantearse si le interesa una coyuntura como la actual u otra donde las tensiones no sean tan acusadas. Los chinos son la segunda potencia económica del mundo, y tienen muchos intereses comerciales con la primera, que es Estados Unidos. ¿Realmente les compensa ponerlos en peligro por unas razones geopolíticas que cada vez parecen menos atinadas?