Opinión

Axel Kicillof, el hipnotizador

Alicia Huerta | Miércoles 18 de abril de 2012
Hay personajes que por muy transparente que tengan el cristalino, asustan al primer vistazo. O encontronazo. Puede que la genética les haya dotado asimismo de una sonrisa aliada pero, al final, de poco servirá para ocultar unos colmillos sedientos de avaricia política, económica, populista y, en definitiva, de poder. Axel Kicillof, vicepresidente económico de Argentina, ha saltado estos días a las portadas de todo el mundo exhibiendo un perfil muy cercano al del citado formato. Su atractivo rostro ha llevado a muchos a “pinchar” la noticia sin saber que la información “sólo” hablaba de la expropiación de YPF y no revelaba ningún jugoso detalle sobre la vida privada de quien ya ha sido bautizado como el Rasputín de Argentina, aunque él prefiera autodefinirse, nada más y nada menos, como “el presente y el futuro de Argentina”. ¿Significa esto que ya pulula por su cerbero la idea de expropiar la Casa Rosada a su hoy mentora?

No debería de tener prisa el señor Kicillof. Aún es joven, demasiado para algunos, aquellos que ven en su vehemencia keinesiana un peligro para ese futuro que él dice representar, porque lo del “pan para hoy y hambre para mañana” sigue cumpliéndose a rajatabla en algunos regímenes que creen que sólo importa el momento, me refiero, claro, al electoral. El tiempo juega, sin duda, en favor de Kicillof. Veremos si también la historia. Acaba de cumplir 41 años y ya se ha ganado la admiración de los sectores más populistas del electorado, de modo que en los nidos de víboras que suelen nacer en el mundo del poder económico y político seguro que alguien ya se habrá encargado de advertir a la actual presidenta de que tenga listo un antídoto cuanto antes. Al menos, para cuando llegue el día en que se despierte del trance hipnótico con el que el propio Axel asegura haberla “conquistado” para llevar a término la cruzada nacional energética.

Vaca Muerta bien lo merece. En realidad, lo que está debajo de ella. Todos los días no descubre un país, o mejor dicho una compañía legalmente establecida en un país, que bajo la tierra descansa un tesoro negro de descomunales dimensiones. De esos que atraen de inmediato hasta su cueva a los Alí Babá de cualquier signo. Precisamente, una de las argumentaciones que citó la presidenta argentina al anunciar el histórico expolio, con un retrato de Eva Perón como inigualable telón de fondo, fue que Repsol no se ponía manos a la obra sin más dilación a realizar las correspondientes prospecciones. Repsol, por su parte, mantiene que se habían celebrado varias reuniones con el gobierno argentino para realizarlas conjuntamente, pero no hace falta que nadie anuncie ahora que no llegaron a un acuerdo. Nos ha quedado claro. A estas alturas, probablemente ya nadie duda de que, por lo menos para una de las partes, lo del acuerdo era más bien un paripé de los que permiten ganar tiempo y despistar al adversario para que no se entere de por dónde le vienen los tiros. Dice el ministro Margallo que Argentina se ha dado un tiro en el pie pero, de momento, el de la cabeza, Repsol se lo ha llevado a bocajarro. Por no hablar del descerrajado en el vientre de la mismísima seguridad jurídica, esa sagrada “certeza del derecho” como atributo social de un estado.

Sí, puede que esta agresión a la seguridad jurídica pase, antes o después, factura a Argentina, pero no parece que, fuera de los tribunales, existan muchas medidas que tomar para impedir la injusta decisión; y como ocurre con todo, dentro de unos días, pocos se acordarán de ese joven economista, hijo de un psiquiatra y una psicóloga, que presume de haber hipnotizado a la presidenta de su país y de pasear por la Casa Rosada como Pedro por la suya, quién sabe si tomando medidas del despacho de Cristina Fernández para cuando llegue el momento de encargar un nuevo escritorio, tan informal como su vestimenta cuidadosamente exenta de corbata. Mientras, los expertos en el tema energético echan cuentas y se preguntan cómo y, sobre todo, con quién contará el gobierno – en mi humilde y escéptica opinión, ya habrá contado – para extraer todo el potencial de Vaca Muerta, una extensión equivalente a Galicia, que requiere de un despliegue de medios petroleros mucho más histórico que la expropiación.

Porque los datos que se manejan indican que habrá que perforar 1.000 pozos sólo para gas y 2.000 más, para el petróleo. Se necesitarán un mínimo de 100 equipos adicionales a los existentes en la actualidad en Argentina y un ingente esfuerzo inversor que los expertos cifran en 25.000 millones de dólares anuales. Por eso, quienes con sentido común piensan que aún no se les ha enseñado la otra cara de la tostada, se preguntan, dentro y fuera de Argentina, con qué diantres se ha untado. Y con quién.