Opinión

El peor año económico de la democracia

Martes 24 de abril de 2012
El Banco de España, se dice, acaba de anunciar que España entra oficialmente en recesión. Esto es así porque a mediados de los años 70’ se reservó esta palabra para aquéllas situaciones en las que la producción decreciese durante dos trimestres consecutivos. Y la institución regulatoria ha adelantado, en su último Boletín Económico, que el primer trimestre de este año ha decrecido cuatro décimas, continuando el decrecimiento de los tres últimos meses de 2011, cuando decreció en tres décimas. No es tan importante que ahora le podamos colgar el cartel de “recesión” cuanto la realidad de una economía que sigue contrayéndose y de la que se desconoce cuándo volverá a levantar cabeza.

Desde el primer trimestre de 2011 el crecimiento no ha dejado de descender. Con los datos adelantados por el Banco de España, y que presumiblemente confirmará el Instituto Nacional de Estadística, entramos en el que podría ser el peor año de la economía española desde la llegada de la democracia. En los años 70’ nuestro país pasó por graves dificultades, con una economía paralizada, la inflación devorando los ahorros, desempleo y conflictos sociales. A comienzos de los años 90’, cuando devaluábamos la moneda hasta tres veces seguidas, se vivió una crisis dura pero breve. Pero este año 2012 es ya el quinto año de esta dura crisis, en la que un número creciente de familias se encuentra sin trabajo ni prestación, y en el que el número de parados alcanzará cifras pavorosas. Empresas y familias siguen endeudadas a niveles muy altos, y el Estado a duras penas puede aminorar el ritmo al que aumenta su endeudamiento.

Nos espera un año muy difícil. Las reformas del Gobierno desplegarán ahora todos sus efectos inconvenientes, o desagradables. La banca seca el crédito porque está en plena reestructuración. Las empresas con exceso de personal se descargan de trabajadores. Las Administraciones Públicas hacen lo mismo. Pagamos por servicios antes financiados por nuestros impuestos. Y, por otro lado, todos los efectos positivos que traerán estas reformas y recortes sólo empezarán a verse, como pronto, el año que viene. Es decir, que vivimos seguramente los meses más duros de esta prolongada crisis económica. Al igual que hemos de ser conscientes de ello, debemos también aferrarnos a la esperanza de que todo este ajuste, cuando se haya completado, servirá para que volvamos a tener la oportunidad de crecer de forma ordenada y sostenible.

TEMAS RELACIONADOS: