Cultura

"Hablando de Historia y dibujando en una pizarra pueden transmitirse muchos conocimientos"

Entrevista

Viernes 27 de abril de 2012
Ayer, 26 de marzo, a las 19,30 h., el arquitecto Rafael Manzano Martos impartió, en la Real Academia de la Bellas Artes de San Fernando de Madrid, una conferencia titulada Mi experiencia como arquitecto en Oriente Medio, tras lo que concedió una entrevista al Imparcial.

Rafael Manzano Martos, Académico de las Bellas Artes de San Fernando y Premio Richard H. Driehaus 2010 de Arquitectura Clásica -el mayor galardón concedido en arquitectura clásica- nos recibe en la Academia de San Fernando nada más concluir su conferencia “Mi experiencia como arquitecto en Oriente Medio”, para hablarnos sobre toda una vida dedicada a la Arquitectura.

Es Rafael Manzano una de esas personas que responde, también físicamente, a la idea que uno suele hacerse de un sabio. Ya en el primer encuentro comprobamos que es un hombre de enorme erudición, de abundante pelo en testa y blancas entendederas, de habla serena, poseedor de un vocabulario exacto para describir cualquier hecho. En definitiva, Rafael Manzano es una de esas personas que, siempre que habla, enseña.

En la fase previa a la entrevista sorprende su prodigiosa memoria: recita punto por punto algunos comentarios de sus maestros. Recuerda su trayectoria junto a Fernando Chueca Goitia, su mentor en la Real Academia de la Bellas Artes de Madrid, sus discusiones con el arquitecto Leopoldo Torres Balbás, las innumerables e interminables tertulias con Manuel Gómez Moreno, a quien él considera su verdadero maestro. Manzano sigue hablando, con voz tranquila y sin alteraciones, de Gregorio Marañón, de Jaime Campmany… Charlamos animadamente. En un momento determinado de la conversación ambos recordamos el motivo de la entrevista.

-¿Cuándo empezó su pasión por la arquitectura clásica?
Cuando comencé como arquitecto mi interés estaba concentrado sobretodo en la arquitectura histórica y en su restauración. Hice muchas y variadas obras en ese sentido, como el monasterio de Sobrado de los Monjes (La Coruña). También hice mucha obra en Navarra, en Estella -actual Lizarra-, que se encuentra en el Camino de Santiago. Allí restauré muchos edificios emplazados entre el Santo Sepulcro y la Iglesia de San Pedro de la Rua, en Navarra. En Estella restauré también la Casa del Gobernador y otros monumentos. Hice plazas públicas allí donde los edificios no podían restaurarse. También restauré en Cataluña: el Puente de la Salud, la Plaza de la Catedral… Hice preservar el gablete de la catedral, hoy desmochado porque quedó inacabada la obra de restauración cuando fui a trabajar a Andalucía.

-¿Ya era Académico de las Bellas Artes?
No, eso vino después. Fui catedrático muy joven, pero fui académico mucho más tarde, aunque desde eso ha llovido mucho, porque soy muy mayor, la verdad. No recuerdo el año en el que me nombraron. Sí recuerdo que antes de ese nombramiento fui académico correspondiente de la Historia y luego académico de las Bellas Letras de Sevilla, pero tardé más en ser académico de las Bellas Artes en Sevilla que en Madrid. Como académico he hecho lo que he podido, si bien mi pasión ha sido siempre la arquitectura hispano-musulmana, motivo por el que fui arquitecto conservador de los Reales Alcázares de Sevilla y miembro del Patronato de la Alhambra de Granada y del Generalife.

-He visto sus trabajos de restauración en Medina Azahara. Resulta increíble cómo pudo hacer esos dibujos de los estucados originales.
En Medina Azahara lo que hice fue una labor de anastilosis y de montaje. Me limité a ordenar la enorme cantidad de material pétreo que había por ahí, si bien lo hice con bastante sentido arqueológico. La base de Medina Azahara es absolutamente cierta. Es una labor auténticamente arqueológica. La verdad es que ningún científico internacional le ha puesto pegas.

- Hoy nos ha contado su experiencia en Oriente Medio. ¿Cuánto tiempo ha estado en Oriente Medio?
No demasiado. Mi primer encargo allí fue una casa de estilo andalusí, una vivienda unifamiliar no muy grande, pero con un jardín bastante importante. Ha habido muchos proyectos que no han pasado de tal, pero siempre he intentado trabajar en aquello que tenía interés como obra arquitectónica. Más tarde trabajé en un proyecto en Mosul, en los primeros años de la presidencia de Sadam Husein. Tengo pendientes algunos proyectos en Barhein y Qatar. Aquí en España también me ha encargado recientemente la construcción de una casa de estilo andalusí, propiedad de un deportista bosnio de origen turco. Por su ascendencia familiar, él quiere una casa muy árabe, pero yo intentaré que sea, ante todo, bella.

-Su fama ha crecido mucho desde que recibió el Driehaus en 2010.
No se crea. Mi fama crece poquísimo.

-Pero le otorgaron el máximo galardón mundial de la arquitectura clásica.
Un buen amigo mío, el arquitecto Léon Krier, primer premio Driehaus en 2003, tenía fotografiada toda mi obra. La conocía casi mejor que yo. Él fue quien me propuso para el premio. Después de mí el premio se ha otorgado otras dos veces.

-Ahora Vd. tiene su propio premio de arquitectura. ¿Podría hablarnos del Premio Rafael Manzano Martos?
Es un premio dotado económicamente por mi mecenas, Richard H. Driehaus, fundador del premio Driehaus. En Chicago, con ocasión de mi galardón, ya anunció que crearía en España un premio con mi nombre. Este año se otorga el primero. Le advierto que este premio, con 50.000 euros – no dólares, sino euros-, es el premio de arquitectura mejor dotado de Europa. Ayer se cerró el plazo para la presentación de plicas y la ceremonia de entrega será en el Salón de esta amada casa, obra de Fernando Chueca.

-Una vez tuve ocasión de hablar con uno de sus alumnos de Historia General del Arte en la Escuela de Arquitectura de Sevilla y me contó que en la primera clase del curso que Vd. le impartió, se dedicó, mientras hablaba, a dibujar en la pizarra una multitud de líneas paralelas, semejando pilares, y que, al terminar la clase, tras unos rápidos y seguros trazos de unión, comprobaron que se trataba de una excelente reproducción a escala reducida de la Catedral de Santa Sofía de Constantinopla.

Tanto la arquitectura española como la musulmana las conozco bien y creo que las he transmitido bien a mis alumnos; no para que fueran académicos, a lo que sólo alguno -si acaso-podría llegar, sino para que fueran buenos arquitectos restauradores. Hablando de Historia y dibujando ante una pizarra pueden transmitirse muchos conocimientos.

-¿Cuánto tiempo en la docencia del arte que tanto ama?
Sumando mi trayectoria inicial en Madrid a la de Sevilla, me atrevería a decir que ha pasado ya medio siglo. Al terminar la carrera impartí clases como profesor no numerario en Madrid. Cuando salieron las oposiciones para cátedra, mi mentor y maestro, Fernando Chueca, se presentó para Madrid y yo para Sevilla. Cuando tuve la oportunidad de volver a Madrid, al año siguiente, me pesó la responsabilidad para con mis alumnos y decidí quedarme en Sevilla. Además, a la muerte del entonces director de los Reales Alcázares, Joaquín Romero Morube, con quien yo ya había trabajado en algunas restauraciones, vino a cubrir su puesto mi gran amigo Florentino Pérez-Embid, que deseaba una serie de trabajos, por lo que me nombraron Director-Conservador. Debido a la normativa sobre incompatibilidades, tuve que optar entre la docencia y la conservación, de modo que elegí ésta y pasé a situación de excedencia en la Escuela de Arquitectura, excedencia sólo de sueldo, no de clases. A mí me interesaba el cambio. Luego vino el echarme de todo lugar conocido, pero yo ya no deseaba volver a Madrid, porque mis hijos habían nacido en Sevilla y todos nos encontrábamos bien allí.

Así fue la entrevista del Imparcial con este gran maestro de la Arquitectura que es Rafael Manzano Martos, quien pese a su enorme sabiduría y experiencia, no abandona, en ningún momento, su modestia ni su agudo sentido de la ironía.

Rafael Manzano Martos nació en Cádiz en 1936. Se doctoró en Arquitectura en Madrid. Aquí se relacionó con numerosos grandes especialistas españoles del Arte, la Historia y las Letras. Pronto se dedicó, sin abandonar su pasión por la arquitectura hispano-musulmana, a la labor docente en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, desde donde dirigió numerosas tesis doctorales y donde llegó a ser, de 1974 a 1978, Director-Decano. Rafael Manzano pertenece a numerosas instituciones científicas y artísticas. Su lista de restauraciones de edificios históricos es innumerable. Fue Director-Conservador de los Reales Alcázares de Sevilla y Presidente de la Comisión de Obras del Real Patronato de la Alhambra y del Generalife. Entre sus numerosos títulos publicados destacan los relacionados con la arquitectura medieval musulmana, además de otras publicaciones. En 2010 se le concedió el premio Richard H. Driehaus de Arquitectura Clásica, otorgado por la Universidad Católica norteamericana de Notre Dame, convirtiéndose en el primer arquitecto español en obtener dicho galardón.

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