Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 28 de abril de 2012
Tras dos semanas de alto el fuego en Siria, los hechos demuestran que Kofi Annan se equivocó. El régimen ha continuado reprimiendo a los sublevados y las víctimas civiles aumentan. El ejército sirio continúa bombardeando los enclaves rebeldes y el bloqueo informativo impide saber a ciencia cierta qué está ocurriendo. Los periodistas que informan sobre el conflicto lo hacen desde fuera del país o desde la clandestinidad y el secreto. Los refugiados se agolpan al otro lado de la frontera turca y dependen de la ayuda que el Gobierno de Estambul y algunas organizaciones humanitarias les brindan. El Presidente Obama ha decidido sancionar a las compañías que prestan su tecnología para que el régimen de Asad y sus aliados iraníes repriman la disidencia. Sarkozy advierte de los riesgos de que fracase el plan Annan.
El tiempo sigue corriendo, pues, a favor del Asad y en contra de los sublevados.
La situación tiene una similitud engañosa con los últimos meses del régimen de Gadafi. Hace más o menos un año, los rebeldes libios estaban asediados en Misrata y Gadafi los tenía arrinconados mientras los bombardeaba gracias a su superioridad aérea. Cuando la perdió, la rebelión triunfó en semanas. En el caso sirio, a la aviación se suman los tanques y los helicópteros.
Sin embargo, es difícil aventurar un desenlace en Siria como el que se dio en Libia. En el país africano, Francia y el Reino Unido tuvieron una influencia que en Siria les falta por completo. El régimen de Asad tiene aliados en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas –la República Popular China y la Federación Rusa- que a Gadafi le faltaron. En Francia y en Estados Unidos son años de elecciones mientras el Primer Ministro ruso Vladímir Putin acaba de ganar las suyas.
Así, el destino de Siria va a depender de potencias regionales como Irán, Arabia Saudí o Turquía. Creo que Estambul será quien incline la balanza del conflicto sirio. Durante siglos, Siria fue una parte esencial del Imperio Otomano y es evidente que la Turquía de hoy crece en influencia y poder económico por toda la región. Es Turquía quien está ayudando a los refugiados y quien ha dado cobijo a los opositores y quien ha presionado tanto como París, Londres o Washington para que cese la represión contra los opositores.
El art. 1 del Acuerdo de Adana de 1998 establece la obligación por parte de Siria de impedir toda actividad que, desde su territorio, ponga en peligro la seguridad y la estabilidad de Turquía. A medida que el conflicto se prolonga y el alto el fuego se frustra, la inacción de la Unión Europea y los Estados Unidos dejan de ser prudencia y se convierten en impotencia o en error. Al final, es posible que este conflicto tenga una solución regional entre las potencias directamente afectadas.
TEMAS RELACIONADOS: