Cultura

Martha Marcy May Marlene: escapar de una secta

Crítica de cine

Domingo 29 de abril de 2012
Se estrena este fin de semana la cinta interpretada por la hermana menor de las famosas “gemelas Olsen” y que le valió a su director, Sean Durkin, el máximo galardón del Festival de Sundance.

El debut del director estadounidense Sean Durkin en el largometraje, después de unos cuidados y exitosos primeros pasos en el mundo de los cortos, no podía haber ido mejor. Con un filme complicado y muy visual, en el que destaca el acierto de la narración y la interpretación del personaje principal a cargo de Elisabeth Olsen, Durkin ha cosechado el galardón más prestigioso del cine independiente: Premio al Mejor Director Dramático en el Festival de Sundance de 2011. El filme narra, a través de flashbacks entretejidos en el momento presente con una certera precisión, el pasado más reciente de Martha, pérdida para su familia durante esos dos años que conocemos a través de sus recuerdos, pero que ella se niega a contar a su hermana, a pesar de que sus reacciones y comportamientos demuestran que no ha estado precisamente de vacaciones.

Martha, que también es Marcy, y May, y Marlene porque así ha sido rebautizada, reaparece inesperadamente en la vida de su hermana mayor, a quien da vida Sarah Paulson, con una llamada de teléfono que, sobre todo, es de auxilio. Porque la idílica vida de comuna neo hippy en una granja en las montañas Catskills que encontró Martha como refugio de su desequilibrio y su fragilidad emocional, pronto se ha desvelado como lo que en realidad es: una especie de secta reunida en torno a un líder especialista, como todos estos personajes, en lavar el cerebro a sus acólitos para que vean completamente distorsionadas las acciones encaminadas, únicamente, a someterles en su propio beneficio. Martha, a pesar de su inicial sumisión, acaba viendo las cosas, si no cómo realmente son, al menos, sí rodeadas de un montón de dudas e interrogantes, que un día le llevan a cruzar el bosque y llamar a su hermana para que vaya a buscarla.

Y las cosas cambian. O no. Porque la libertad donde primero tiene que estar es en la mente y Martha no es capaz de alcanzarla. Ni antes, ni durante, ni siquiera después de la pesadilla que rechaza pero que acaba volviendo a buscar, a pesar del terror que le produce. Ha escapado del grupo de locos unidos en una perversión disfrazada de ideario espiritual pero, cuando intenta encajar en la existencia acomodada que lleva su hermana, casada con un prestigioso y rígido arquitecto que también impone sus propias reglas, su cabeza está tan confundida que parece defender algunas de las acciones de las que creía querer escapar. Toda esta contradicción y sus inesperadas reacciones son el punto fuerte de la interpretación del papel protagonista, que recae en quien ya se ha ganado el título de actriz revelación de la temporada. La actriz, hasta ahora conocida por su parentesco con Mary-Kate y Ashley Olsen, ha irrumpido con fuerza en el mundo del cine de calidad y muchos de los espectadores que coseche el pausado filme de Durkin se habrán sentido atraídos por la actuación de Elisabeth Olsen, quien demuestra que sigue ganándose, paso a paso, la admiración de esa parte del cine que huye de lo rosa y del cine-espectáculo. Su papel en este rudo drama, de final quizás excesivamente “abierto”, está tan lleno de matices, ambigüedades y contrastes que proporciona a Olsen una bien aprovechada oportunidad de que se fijen en ella los directores con más galones, demostrando que el camino elegido, - que la llevó a formarse en la Atlantic Theater Company de Nueva York y en la Moscow’s Art Theater School, donde aprendió el método Stanislavski, - ya ha empezado a dar sus frutos. Dentro de poco, a casi nadie le importará de quién es familia.

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