Lunes 30 de abril de 2012
CCOO y UGT secundaban ayer domingo las 50 manifestaciones convocadas en todo el territorio nacional por la Plataforma en Defensa del Estado del Bienestar. Bajo el lema “Con la educación y la sanidad no se juega”, las centrales sindicales volvían a escenificar una vez más su rechazo a la política de reformas puesta en marcha por Mariano Rajoy. Más de cinco millones de parados y un déficit elevadísimo son las dos principales razones que han llevado al Ejecutivo a implementar las medidas de contención del gasto y recortes por un lado y la reforma laboral por otro que tanto critican los sindicatos.
Si dichas cuestiones se hubieran afrontado antes, posiblemente hoy la situación sería diferente. No fue así; en gran medida, por la complacencia de unos sindicatos que veían cómo se disparaba sin criterio alguno el gasto público y cómo aumentaba día a día el desempleo sin hacer ni decir nada al respecto. Los resultados, a la vista están. Las medidas adoptadas por el nuevo gobierno han sido bien acogidas tanto por Europa como por los mercados financieros y por organismos y analistas que ponían el acento en la premura de actuar con urgencia.
En cambio, los sindicatos optan por hacer una huelga general apenas tres meses después que el nuevo Ejecutivo tomase posesión y hacen gala de una actividad tan frenética. Actividad que, por cierto, contrasta con su casi total inacción durante las dos últimas legislaturas. CCOO y UGT, pues, están en su derecho de salir a la calle para reclamar lo que estimen oportuno; pero si lo hacen, deberían primero explicar si lo que pretenden es volver a las políticas que nos han llevado a esta situación.