Opinión

Los sindicatos frente a los trabajadores

Miércoles 02 de mayo de 2012
Los sindicatos han vuelto a representar el teatro de micrófonos rotos y banderas rojas que se representa todos los años el primero de mayo. No está demás recordar que se trata del día del trabajo. Y que aunque se celebre, paradójicamente, descansando de las labores profesionales, es el aspecto laboral de la experiencia humana lo que estamos conmemorando el primer día de mayo. Hoy ese día tiene una significación sangrante para los más de 5,6 millones de parados que hay en España.

Los sindicatos han hecho mención de los parados. Pero no como eje de su discurso, como el objetivo central de sus preocupaciones, sino como un apoyo dialéctico de su visión según la cual los recortes y las reformas (como la laboral) son contrarias al interés de quienes sí tienen trabajo. Y se aferran al lugar común de que la situación previa a las reformas son un conjunto de “conquistas” que se identifican con “derechos” que habríamos perdido.

Es un mensaje cada vez menos efectivo. Porque no responde a la realidad y porque una crisis económica es, precisamente, una situación donde las verdades emergen. Y la verdad es que el término “derechos” sólo debe reservarse para aquello que pertenece a la persona, al respeto al uso de sus plenas facultades, y a todo lo que originalmente pueda adquirir con ellas. Es un abuso asignar la palabra “derecho” a la prestación de servicios por parte de otros.

Y no es sólo que no respeten los conceptos elementales del derecho. Es que tampoco prestan atención a lo más básico de la economía. Como que los servicios que se prestan tienen un coste que hay que cubrir. Y que para sufragar unos servicios públicos crecientes es necesario contar con una riqueza también creciente. Y que de nada sirve exigir esos servicios si no se está dispuesto a seguir otros comportamientos que conducen a la creación de riqueza, como el trabajo, el ingenio y el ahorro. Nada de esto último forma parte del interés o siquiera del lenguaje de los sindicatos. No es ya que los sindicatos no hayan sabido actualizar su mensaje, sino que parecen quedarse cada vez más aislados de un futuro que ya no les pertenece.

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