Opinión

Primavera cultural en Ciudad de México

Marcos Marín Amezcua | Miércoles 02 de mayo de 2012
La capital mexicana se engalana esta primavera de 2012, que es por mucho mi estación favorita, al recibir sendas exposiciones en espacios museísticos de primerísimo nivel. España, Nueva Zelanda, Colombia, China y Bélgica están presentes. Vamos, ni parece que estamos en plena campaña presidencial cuyo jaloneo avanza hacia el 1 de julio.

México sigue siendo un país que paga para montar exposiciones que atraigan a más y más público a su amplia y variada oferta cultural y la capital del país –de la mano del gobierno nacional, así como de la iniciativa privada– nuevamente apuesta como ya es tradición, a presentar magníficas muestras de trascendental contenido. La mayoría de ellas son gratuitas o exentan de pago a estudiantes y maestros, a la tercera edad y con algunas otras variantes.

Empecemos por mencionar la presencia de España como invitada de honor a la Galería Nacional del Palacio Nacional de México –el antiguo palacio virreinal construido sobre los palacios del emperador azteca Axayácatl– máximo símbolo del poder político del país, que inicia el ciclo de exposiciones que esperemos duré muchas décadas en ese sitio especial y que entre diciembre de 2011 y mayo de 2012, ha expuesto la muestra “Tesoros de los Palacios Reales de España”. La expo se compone de formidables piezas que cubren el periodo entre los Reyes Católicos y 1808. Estandartes, golfalones, armaduras, rodelas, portentosas espadas, casullas doradas, planos, mueblería de rica hechura, marquetería, telas finas, gobelinos, pinturas (dos prestadas por el Palacio de la Zarzuela) y un sinfín de estupendos componentes, recrean y nos dan cuenta de cómo era la vida en la metrópoli mientras trascurría la del virreinato de Nueva España. Aunque no lo crea, se sabe muy poco de la vida en España mientras existió el imperio de ultramar.16 instituciones españolas de primer orden participan. Tanto públicas como privadas.

El Museo Nacional de Arte (MUNAL) alberga en el magnífico Palacio de Comunicaciones ubicado en la Plaza Tolsá –donde yace la estatua ecuestre de Carlos IV rey de España y de Indias, conocida como “El Caballito”– un precioso compendio pictórico proveniente del Real Museo de Bellas Artes de Amberes, que junto con arte novohispano, dan cuenta del quehacer flamenco y de sus alcances en el siglo XVII y de su influencia en los pintores españoles y novohispanos de aquella centuria. Una muestra fenomenal y con diversos componentes de extraordinaria belleza en el trazo y el color. Imperdible.

El derroche no termina allí. Como lo ha publicado El Imparcial, el multifacético artista colombiano Fernando Botero celebra sus ochenta años. En Ciudad de México ha logrado reunir una interesante cantidad de piezas, incluidas cinco esculturas monumentales colocadas en la explanada del Palacio de Bellas Artes que la acoge. La muestra incluye sus características mujeres robustas que así no las mira su autor, dice; y esculturas pequeñas y bocetos taurinos de gran colorido. También hay una sección escalofriante y denunciante de las atrocidades cometidas por el ejército de ocupación estadounidense en Abhu Dabhi, que desenmascara las obscenidades de su doble moral característica y las complicidades de su gobierno solapando la tortura incompatible con los valores democráticos que alardea inopinadamente. Inmejorable. Y hago votos para que esta vez sí done una escultura como lo ha hecho con Nueva York y Madrid. Es la segunda ocasión que Botero expone en Ciudad de México.

Los cuarenta años de las relaciones entre México y la República Popular de China, que en su día nos permitieron recibir incluso, el obsequio de una magnífica pareja de pandas que han tenido prole, ha sido el marco dentro del cual se ha montado una interesantísima y majestuosa exposición que lleva por nombre “Piedras del Cielo”, en que se exhibe el rico trabajo del jade en China y Mesoamérica. Está de órdago. Amén de las máscaras mayas en jade, lo chino quizás por su exótica rareza fue lo que más me gustó. Su refinamiento es destacable. Imagine usted amigo lector, un platón de jade –el más grande que existe– incensarios en forma de dragón con lujo de detalles en tonalidades diversas, pulcramente tallado y refinadamente decorado con exquisitos motivos y esplendorosos ornamentos de filigrana. Es indescriptible el hermoso conjunto de primorosas miniaturas en jade que revisten la expo y hasta los sellos imperiales antiguos adornados con borlas y las magníficas esculturas y representaciones de escenas cotidianas, cuyos árboles llevan talladas con finura y prolijidad en una sola pieza de jade hasta de dos metros, las ramas y las hojas. Sencillamente, es una muestra magnificente y admirable.

Por último, desde el contiguo Pacifico Sur, Nueva Zelanda encabeza una muestra variopinta que nos acerca a tan lejanas latitudes. El Museo Nacional de las Culturas Populares la expone y ha sido verdaderamente un remanso a los ojos. Por si faltara, el Museo Soumaya anuncia la adquisición de cien nuevas piezas para ésta, la principal pinacoteca latinoamericana. De manera que a la suma de eventos, actividades culturales de relevancia y demás, estos museos nacionales una vez más, sacan la casta y nos obsequian portentos dignos de admirarse.

Esta ingente gama de exposiciones refrenda decididamente el interés por acercarnos a otras regiones y a sus manifestaciones culturales. Con ellas apreciamos el arte proverbial que se conserva en otros recintos del mundo. Son muy bien recibidas.

No se puede permanecer impávido ante tanta maravilla. Al placer intrínseco que generan los museos, se añade que aguardan obras esplendorosas y de un interés y de un valor incalculables, que mucho nutren nuestro animo. Visitar museos siempre es reconfortante para los espíritus inquietos. No nos privemos de hacerlo.

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