La exposición que acoge el Museo Reina Sofía de la obra de James Coleman sorprende por los espacios escogidos para exponer los trabajos audiovisuales de este artista irlandés nacido en 1941. Imágenes en movimiento o estáticas, proyecciones de grandes dimensiones o de reducido tamaño, escenas con sonido o sin sonido son algunos de los ingredientes presentes en las creaciones de un artista que trata de indagar sobre la percepción y la interpretación de lo que nos rodea.
Diapositivas, películas o narraciones de audio proyectadas sobre las paredes de las salas del
Museo Reina Sofía son la carta de presentación de la obra de
James Coleman en España, artista irlandés a quien se le dedica por primera vez una retrospectiva.
Box (ahhareturnabout), 1977, proyección continua con sonido.
Dividida en tres espacios, la exposición que le rinde homenaje resulta desconcertante no sólo por lo que muestra sino también por los espacios elegidos para acoger sus trabajos. Así, la visita a las bóvedas del museo, en el planta baja, resultará para el visitante una experiencia sobrecogedora, ya que la penetrante oscuridad acompañada por la
proyección interrumpida de un combate de boxeo no hace sino provocar ansiedad. La obra en cuestión se titula
Box (ahhareturnabout), de 1977, que muestra la revancha del campeonato mundial de pesos pesados, celebrado en 1927 en Chicago, entre Gene Tunney y Jack Dempsey.
La experiencia sensorial que deja este primer contacto con la obra de Coleman no se disipa conforme continúa el recorrido, que se disgrega por varias salas del museo, no precisamente cercanas unas a otras. La razón de haber desperdigado lo expuesto se debe a que las piezas
audiovisuales con sonido se han colocado en un ala de la sala para no interferir con el resto. Para ello, dice en una nota de prensa el Reina Sofía, se han instalado paredes y moquetas con el fin de que el visitante quede totalmente aislado y sienta la sensación de hermetismo y concentración que se requiere.
Retake with Evidence, 2007, proyección de vídeo de James Coleman.
Es, precisamente, esa sensación de
aislamiento lo que inquieta de contemplar la obra de Coleman. Así ocurre con
Fly, una proyección continua, fechada en 1970, que muestra una secuencia de árboles en movimiento y una mosca que pulula por las escena, captada desde una ventana, de la que se distingue el marco.
En total, han sido reunidas 17 creaciones, desde sus piezas iniciales, realizadas en Milán e Irlanda en los años 70, hasta las fechadas en los 90, como
Lapsus Exposure e
I N I T I A L S. Además, se muestra por primera vez al público una
selección de documentos y archivos personales del artista.
Clara and Dario, 1975, proyección de imágenes con audio.
Antes de la visita, conviene tener en cuenta las aclaraciones que hace el propio museo de las instalaciones de Coleman, de las que dice que se presentan “como escenificaciones donde lo alegórico, lo
metafórico y lo referencial tienen cabida y se interrelacionan”, a lo que añade que “el paso del tiempo, la memoria y la degradación del hombre son algunos de los temas recurrentes en sus trabajos”. En el visitante está la oportunidad de certificar si es así.
Información sobre la exposición:Lugar: Museo Reina Sofía. Edificio Sabatini. Planta 1, Sala de Protocolo, Sala de Bóvedas.
Fechas: hasta el 27 de agosto.
Horario: de lunes a sábado de 10:00 a 21:00 horas / domingo de 10:00 a 14:30 horas / martes: cerrado (incluidos festivos)
Entrada: 3 euros