Cultura

La Playa, Joaquín Pacheco y la Escuela de Madrid

Crónica cultural

Viernes 04 de mayo de 2012
A mediados de mes, abre sus puertas la Galería Modus Operandi con obras de Joaquín Pacheco, Antonio Zarco, y lo que ya se está llamando la Nueva Escuela de Madrid. El pintor Joaquín Pacheco abre las puertas de su estudio para acercarnos a sus últimas obras, con luz marina, personajes solitarios, de una belleza hipnótica.

Las playas son una constante en la temática de Joaquín Pacheco (Madrid, 1934). A mediados de mes, se expondrá la colección del dueño de la Galería Modus Operandi Manuel Marqués, en esta nueva galería, junto a otros artistas jóvenes, emergentes, que ya expusieron juntos en septiembre en la Sociedad Cervantina. Lourdes Castro, Dora Piñón, Cristina Toledo, Elena Guerrero, Lorena Serrano y Antonio Gómez Olea, expondrán, junto a los maestros de la Escuela de Madrid Joaquín Pacheco y Antonio Zarco, una exposición dedicada a las playas.

La muestra coincidirá con la apertura de esta nueva galería Modus Operandi, que busca recobrar la Escuela de Madrid, grupo injustamente olvidado, en donde tenemos a pintores de la talla de Álvaro Delgado, Redondela, Benjamín Palencia, Luis García Ochoa y Cirilo Martínez Novillo, entre otros. El proyecto de la galería es el de juntar sus obras con un grupo de artistas emergentes que ya se están denominando, y con razón, la Nueva Escuela de Madrid.

El estudio de Joaquín Pacheco es una prolongación de su salón. La luminosidad de sus cuadros se deja sentir desde que se entra por la puerta de su casa donde el artista nos recibe con unos cálidos brazos abiertos. Admirador de las estampas japonesas, incansable paseante por las calles de las grandes urbes como Londres, Nueva York, Tokio o Ámsterdam, de donde nutre su inspiración, la luz que capta en sus cuadros recuerda a la luz que inunda las playas de Portugal, donde Pacheco pasa buena parte del verano.

Sus cuadros siguen una línea clásica, de clara influencia italiana y francesa, en donde plasma sus recuerdos, a veces fragmentados. En todos ellos, los personajes deambulan, siempre en solitario y sus figuras se mezclan con las esculturas de mármol que pueden verse en sus cuadros sobre los museos. “Yo parto de fotografías, de bocetos, que voy realizando aquí y allí”, explica, mientras nos muestra unos cuadernos plagados de dibujos, de bocetos, personajes en movimiento, conversando o acompañados de perros. “Yo pinto la memoria, el recuerdo de la ciudad”.

En sus magníficos cuadros, el reflejo es una constante. O bien en el agua, o en los espejos de las ventanas, los rascacielos también transmiten esa imagen bidimensional de una escena de la naturaleza en la que el hombre es, tan solo, un elemento más del decorado. “Esa presencia humana, es la que da escala al paisaje. El vidrio integra una realidad más orgánica en el cuadro, mete otro espíritu a la obra”.

Su forma de pintar nace del grupo de los Nabis, Degas, Bonnard, Vuillard, que fuero los artistas que realmente rompieron con el espacio y la construcción y llevaron el color hasta su dimensión más alta. “Fueron los grandes innovadores”.

Su arte siguió varias etapas. “En 1961, el año que llego a París, me influía mucho el expresionismo. Cuando uno es joven, ve las cosas de forma más dramática. Luego me fui alejando del sentimiento, de la individualidad y miré el mundo de forma mucho más objetiva, desconfiando del sentimiento”. Es cierto que, si uno se fija bien, cada parte del cuadro se pinta de forma diferente. En algunos espacios, domina el sentimiento, en otros la lógica. “Si, contesta Pacheco, eso es de hecho lo que da tensión a la obra”.