Opinión

Mareando la perdiz con ETA

Domingo 06 de mayo de 2012


Por si había alguna duda de cuál es la actitud real de los presos de ETA, el diario Gara publicaba este sábado un comunicado en el que aseguran que “cualquier programa que tenga como base el arrepentimiento-delación nace muerto y estéril”. Igualmente, afirman estar dispuestos a “dar pasos” si cesan “las presiones y los chantajes”. Con esto último se refieren a la exigencia hecha por el Gobierno de que renuncien a la violencia y pidan perdón por sus actos si quieren acogerse a medidas de reinserción.

Es lo mismo de siempre. Quien no quiere disculparse por haber asesinado a un semejante y se niega a condenar su pasado delictivo es porque aún se siente identificado con semejante barbarie. Todo esto, además, coincide con el anuncio de la llamada Comisión Internacional de Verificación -penúltima cortina de humo de la izquierda abertzale- en el sentido de que ETA estaría “preparada para dialogar sobre asuntos prácticos relevantes para consolidar el proceso”. La misma retórica cansina, la misma pérdida de tiempo y, sobre todo, la sempiterna constatación de la verdadera naturaleza de la banda: un grupo de delincuentes con casi mil muertes a sus espaldas y que no matan más por incapacidad que por falta de ganas. Hace varias décadas, retaron al estado de derecho y a todos los demócratas en un pulso de violencia. Y perdieron. Ahora, llevan un tiempo haciendo contorsiones para evitar reconocer la realidad: que no hay política posible desde la violencia.

Desde el nacionalismo y amplios sectores de la izquierda parecen empeñados en ver gigantes donde sólo hay molinos. Es bien sencillo: que los presos pidan perdón, manifiesten su deseo de abandonar la organización y condenen la violencia. Y ETA que se deje de pedir la designación de un interlocutor válido para la entrega de las armas: si realmente quiere hacerlo, ahí tienen las dependencias de Guardia Civil o Policía Nacional al efecto. Todo lo demás no son sino distracciones tan tediosas como inútiles.

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