Andrea Donofrio | Domingo 06 de mayo de 2012
Así se titula el Informe elaborado por Eures, el portal creado por la Comisión Europea para ofrecer servicios en materia de empleo y facilitar la movilidad laboral en la UE. Los datos reflejan la dura realidad que ya aparece a diario en los medios italianos: en Italia, se registra la media de dos suicidios al día por motivos económicos. Tanto es así que, en los últimos meses, la prensa nacional relata a diario la terrible noticia de suicidios provocados por la grave crisis, por las dificultades socio-económicas del país.
Italia vive una situación preocupante y dramática: las deudas, la falta de salida, los pagos que se retrasan, una burocracia lenta y anquilosada, unos bancos sordos y egoístas, la distancia de-con las instituciones, provocan en los italianos una sensación de abandono, de imposibilidad de sobrevivir ante tantas dificultades. Provocan un caldero donde peligrosamente prosperan los “suicidios económicos”, un goteo constante de italianos desesperados que deciden poner fin a su vida. Por eso, resulta especialmente emotiva la marcha de estos días de las “viudas de la recesión” o “viudas de la crisis”, las esposas de los suicidas, que tuvo lugar en Bolonia, ciudad donde se registraron por lo menos 73 suicidios por motivos económicos en lo que va de año. La posibilidad de que la situación pueda agravarse provoca desconsuelo y desaliento en las familias italianas, cada vez más preocupadas por cómo salir adelante. A través del suicidio, los italianos intentan expresar su dramático grito contra la crisis, la desesperación ante la impotencia de ver su empresa cerrar, su carrera profesional interrumpirse o su imposibilidad de encontrar trabajo.
Aunque los datos no alcanzan el espantoso récord griego, estamos ante una realidad dramática y alarmante; certifica que la crisis está imponiendo un altísimo precio a los italianos. La desesperación lleva a arrojarse a las vías de un tren, ahorcarse o quemarse. Se trata del insostenible coste humano de una situación crítica. El suicidio se concibe como un gesto de rebelión contra un sistema insensible y despiadado; representa un grito de alarma ante una situación grave; se imagina como la “última salida” ante la crisis. Se asiste a una “masacre silenciosa continua”: además, las cifras de 2012 resultan aún más graves que el panorama retratado por este instituto europeo, que apoya su informe en datos de hace un año. La situación sigue- empeorando, el deterioro social se está profundizando visiblemente y el número de suicidio asciende cada día.
Italia se encuentra en plena recesión económica y como es sabido, con la recesión “la crisis cunde”. En febrero, se alcanzó la cifra récord para el país de 9,3% de parados, mientras aumenta exponencialmente la pobreza (según datos de la Caritas), las empresas quiebran y se crea la nueva categoría de los esodati para indicar aquellos que decidieron prejubilarse o retirarse voluntariamente de sus trabajos, pero que ahora, ante la reforma del sistema de jubilación, se han quedado sin pensión, desesperados y exasperados. El declive industrial del país, la deslocalización de la producción, la deuda pública, la disminución de inversiones públicas y privadas, la alta tasa de desempleo entre los más jóvenes, la falta de esperanza están perjudicando el futuro de un país entero. En Italia, la crisis está provocando grandes cambios no sólo desde el punto de vista económico sino también a nivel social: tras la nefasta espectacularidad de las cifras, se esconde la desesperación de los italianos, el miedo a enfrentarse a una situación alarmante, el ansia y el temor cara al futuro. Las instituciones italianas tienen la obligación de actuar de manera urgente y contundente para dar un vuelco a esta peligrosa tendencia, para generar confianza en un país desconsolado, para mostrar su presencia al lado de los más necesitados. La crisis económica está teniendo efectos sociales devastadores: las frías cifras, el número de suicidas, esconden un profundo drama social, una situación insostenible. Italia se encuentra al borde de la desesperación.
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