Joaquín Albaicín | Martes 08 de mayo de 2012
En plena crisis de la industria editorial y discográfica, Pedro Burruezo ha resuelto echar valor al asunto y publicar un libro de diez ensayos, acompañado por un disco con otros tantos temas musicales: “Misticissimus” (Satélite K). Los textos le nacen al músico, periodista y activista motivados por las temáticas que le son más caras: ecología profunda, perennialismo, el mundo poético de Rumi y San Juan de la Cruz… En cuanto a las canciones, nos son servidas envueltas en una atmósfera en la que se reconocen elementos sufíes, medievales, sefardíes, gitanos y de la “chançon”. Aunque quizá Pedro Burruezo no esté demasiado de acuerdo, yo, desde mi ignorancia, sigo percibiendo como principal influencia musical del grupo –acaso inconsciente, ya digo- la música gitana de los Balcanes.
De cualquier modo, se trataría de un disco único aunque sólo fuera por su segundo corte: “Tribulationibus”. En él, Pedro Burruezo y la banda que lidera, “Bohemia Camerata”, ponen voz y música en este tercer álbum suyo, y sospecho que por primera vez en la historia, a la última de las famosas profecías de San Malaquías sobre el Papado, la referida a Pedro Romano, sucesor de Benedicto XVI. La elección viene a cuento, desde luego, por cuanto el segundo capítulo del libro lleva por título “La Hora Undécima” y se inspira, como el ensayo homónimo de Martin Lings, en la famosa parábola evangélica. El lema de San Malaquías, que presenta más que curiosas coincidencias con la leyenda judía de Armilus, un rey que, en vísperas de la venida del Mesías, ocupará Jerusalén y expulsará a los hombres de fe al desierto antes de ser destruido por Éste… El lema de San Malaquías, decíamos, reza –como muchos lectores sabrán- así: “En la persecución final de la Santa Iglesia Romana, Pedro Romano se sentará sobre el trono, alimentando a su rebaño entre muchas tribulaciones. Cuando estas cosas hayan sido consumadas, la ciudad de las siete colinas será destruida y el Juez terrible juzgará al pueblo”.
Eso sí. Para que todo el mundo lo entienda, Pedro Burruezo, con dos pares, lo canta en el original en latín.
No sé si habría que interpretar la aparición en el mundo discográfico de una canción tan insólita como una de las llamadas por los musulmanes Pequeñas Señales de la inminencia del Juicio Final. Tampoco, qué habría pensado no ya el propio San Malaquías de Armagh, sino mismamente San Bernardo de Claravall, redactor de la regla de la Orden del Temple, de haber escuchado el injerto musical aplicado a los versos atribuidos al querido amigo que expiró en sus brazos. Creo que, como a mí, les habría gustado. Pero escúchenlo y… Ustedes mismos.