Sábado 12 de mayo de 2012
El último atentado con coche bomba perpetrado en Damasco ha causado 55 muertos y casi 400 heridos, lo que da idea de su terrible magnitud. El gobierno sirio se ha apresurado a atribuirlo a “grupos terroristas”, algo que parece bastante claro. Donde hay más sombras es a la hora de determinar quién ha sido realmente el responsable de semejante barbaridad. Ninguno de los grupos opositores que operan en el país ha admitido la autoría, afirmando carecer de capacidad para llevar a cabo un acto así. En todo caso, Al Qaeda, aunque ni hay certeza sobre su capacidad real ni tampoco puede tildarse de “grupo opositor”, pues obedecen únicamente a motivaciones propias.
La extrema dureza con que el régimen de Al Assad está reprimiendo las protestas de su pueblo y el control militar que ha impuesto en todo el país hace difícil pensar en la posibilidad de un ataque así; y más en Damasco. Cobran cada vez más fuerza los rumores de “atentados dirigidos”, con el fin de justificar actuaciones de castigo ante posibles “elementos terroristas”. Que los hay, dicho sea de paso, ya que Al Qaeda se ha decidido a pescar en el río revuelto sirio, factor éste que hay que achacar también a Bashir Al Assad y sus fieles aliados, Rusia y China.
Los servicios secretos sirios llevan años vinculados al terrorismo. De hecho, todo apunta a que fueron ellos quienes estuvieron detrás del asesinato en 2005 del primer ministro libanés, Rafiq Hariri. Además, sus vínculos con Hizbolá y el régimen iraní son un hecho, por lo que no extrañaría en absoluto que hubieran orquestado un atentado “a la carta”. Sea como fuere, la situación en el país asiático se torna cada día más dramática, con o sin atentados. Y lo peor es que no parece haber ninguna solución a corto plazo.