Economía

El corralito es técnicamente posible

Crónica económica

Miércoles 16 de mayo de 2012
En un perverso artículo, el escritor Paul Krugman señalaba que el curso normal de los acontecimientos podría llevar a España a un “corralito”. De Guindos lo negó ayer. Montoro también lo ha hecho, pero recurriendo a un argumento extraño: lo ve técnicamente imposible.

Un “corralito” es como se ha llamado a lo que ocurrió en Argentina: la gente saca el dinero de los bancos y éstos tienen que cerrar las ventanillas antes de negarse a facilitar depósitos simplemente porque se han quedado sin ellos. Esto es lo que Paul Krugman dice que ocurrirá en España e Italia.

Krugman tiene ese síndrome que el gran economista Murray N. Rothbard había observado en autores como Henry George o Milton Friedman. Ambos se especializaron en las materias en las que tenían peores ideas: George en la renta y Friedman, Dios le perdone, en teoría monetaria. Los dos, George y Friedman, son grandes economistas. Y la capacidad teórica de este último es descollante. Pero su concepción sobre el funcionamiento del dinero y del crédito es chocante. Y, con diferencia, es el asunto al que ha dedicado más horas y más páginas.

Lo mismo le ocurre a Paul Krugman. Es un economista descollante, que obtuvo el premio John Bates Clark al mejor economista estadounidense joven, que obtuvieron asimismo muchos otros premios Nobel. Hizo importantes contribuciones a la economía regional y a la teoría del comercio internacional. Además, empezó a ganar cierta popularidad, más allá de su producción científica, por algún otro libro de carácter divulgativo, o en el que plasmaba ideas de un alcance más general. En este sentido, guardando las distancias, su carrera se asemeja a la de Friedman.

Pero su faceta pública, a diferencia de Friedman, ha acabado devorando al economista, que se quedó no sabemos en qué década del pasado. Se le otorgó el premio Príncipe de Asturias por ser un personaje destacado, de entre los que se oponían a George Bush. Y se le concedió el premio Nobel con alguna consideración a su producción científica, además de por motivos políticos. Krugman, no obstante, escribe sobre asuntos que están alejados de su especialidad. No es que no los conozca muy bien. Pero no son los que le han otorgado merecida fama.

Paul Krugman siempre le ha prestado mucha atención a España. Nosotros, en estas crónicas, lo hemos recogido en varias ocasiones. Logró que el anterior presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, practicase una genuflexión ante su presencia de la que sus lumbares todavía se están arrepintiendo. Krugman se lo agradeció volcando sobre nuestro futuro las previsiones más negras.

Ahora habla de corralito. Krugman, y esto hay que reconocérselo al profesor de Princeton, siempre fue muy crítico con la Unión Monetaria. Y señaló ciertos problemas que estos años han emergido en toda su dimensión. De modo que ahora ve corroboradas sus ideas. Y es dentro de esas ideas que lanza sus temibles augurios.

El martes, el ministro de Economía, Luis de Guindos, se vio obligado a responder a los periodistas si un “corralito” o un “bank run” como se dice en Inglaterra, es posible. De Guindos estuvo muy bien. Dijo que esa posibilidad es un “sinsentido”. Pero su colega Cristóbal Montoro ha ido más allá; tan allá que ha cometido una torpeza, al decir que un corralito es “técnicamente imposible”.

La situación es muy sencilla. Nosotros depositamos dinero en los bancos. Son depósitos “a la vista”, es decir, que los podemos retirar en cualquier momento. Pero los bancos no mantienen esas disponibilidades líquidas, sino que las presta en gran parte. Mantiene un “coeficiente de caja”, que así se llama, y presta el resto. De este modo, pasan varias cosas. Por un lado, los bancos multiplican el dinero. Porque nosotros, depositantes, pensamos que tenemos la disponibilidad del mismo, pero la parte que prestan están en manos de otros, que también lo meten en sus cálculos.

Si nosotros retiramos nuestro dinero, todo, no ocurre nada. Si no somos nosotros, sino una parte importante de los depositantes, los que deciden retirar su dinero de un banco particular, pueden encontrarse con ventanillas cerradas por falta de liquidez. Porque el dinero que piensan los depositantes que tienen, están, en su mayor parte, prestados. Y lo mismo puede ocurrir con el conjunto del sistema financiero.

Nótese que esta es una situación que no se circunscribe a España, sino que es como se mantiene el sistema financiero en todos los países. De modo que aquí, en España, y en cualquier otro país, un “corralito” es técnicamente posible.

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