El Museo Reina Sofía ha organizado la primera retrospectiva de la obra de Nacho Criado, artista experimental español cuyas cuatro décadas de trabajo han dejado creaciones tan fascinantes como sus monumentales esculturas de hierro y cristal, que se pueden contemplar en el Palacio de Velázquez y el Palacio de Cristal hasta el 1 de octubre.
No es la luz que clama en el desierto, de Nacho Criado. (Foto: Joaquín Cortés / Román Lores)
El inmaculado aspecto interior del Palacio de Velázquez del parque del Retiro, en Madrid, resulta el escenario perfecto para engrandecer la creatividad que emana de las obras de
Nacho Criado (1943-2010), artista español experimental, a quien el
Museo Reina Sofía le dedica su primera retrospectiva. No es el único lugar habilitado para contemplar la monumentalidad y el simbolismo de sus trabajos, ya que el Palacio de Cristal acoge una reproducción de una exposición de Criado en este mismo espacio hace veintiún años.
Titulada
Agentes colaboradores, esta muestra reúne trabajos creados durante cuatro décadas, tiempo en el que este artista polifacético ha dejado constancia de su sabiduría artística no sólo como escultor, sino también como fotógrafo y conocedor de las posibilidades derivadas de las instalaciones.
Para comprender el arte ideado por Criado es fundamental conocer antes de la visita que durante su trayectoria trató de incidir lo menos posible en la producción de su obra permitiendo a
sus trabajos que evolucionaran por sí solos. Sirven como ejemplo de este propósito dos de las piezas instaladas al comienzo del recorrido de la exposición:
YZ, que consiste en una composición ideada a base de la unión de tres maderos apolillados que parecen formar un número siete, e
In/digestión, que no es sino una revista de arte apolillada. Tanto en una como en otra, han sido las termitas las que han configurado el resultado final de la obra. Es ahí donde reside la peculiaridad de las propuestas de Criado.
La madera también es la protagonista de una serie de trabajos expuestos, entre los que se incluyen dos homenajes a Rothko, artista a quien admiró, lo mismo que a
Marcel Duchamp, a quien rindió tributo a través de la instalación
MaDe in, también presente en la muestra.
De tramas y mentiras, de Nacho Criado. (Foto: Joaquín Cortés / Román Lores)
La cantidad de obras creadas a partir del
hierro confirma que Criado no se conformó con limitarse a trabajar con un único material.
Excentricidad, una pieza circular sobre el suelo, fechada en 1968, parece ironizar con su título sobre la intención del artista al crearla, mientras que
Flexión remite de nuevo a la idea de evolución a las que se ven sometidas sus obras, ya que la pieza presenta ya los estragos de la oxidación.
El estudio del
tiempo ha sido otras de sus máximas. Mediante fotografías y vídeos, el artista hace partícipe al visitante de su buen hacer con otras técnicas más allá de la escultura. En la proyección
Escalera muestra a un hombre que sube y baja repetidamente una escalera en un edificio abandonado. En
En tiempo furtivo sorprende el escorzo del hombre que yace en la cama y en
6 asimétrico, el divertido juego de posiciones y repeticiones.
Antes de abandonar el
Palacio de Velázquez de camino al Palacio de Cristal conviene centrar la atención en
No es la luz que clama en el desierto, elaborada a partir de hierro, cristal y arena. Como si se tratara de una cúpula dada la vuelta, el artista idea una composición ciertamente atrayente, en la que los cristales rotos simulan el agua mientras que los grifos instalados en el perímetro de la estructura circular de hierro parecen verter arena en el suelo. También resulta interesante la obra
De trampas y mentiras, que simula una jaula con un pasadizo abovedado en la que las rejas lo invaden todo e impiden el acceso a su interior.
Homenaje a Rothko, de Nacho Criado. (Foto: Joaquín Cortés / Román Lores)
Ya en el
Palacio de Cristal, el visitante se topará con siete obras expresamente diseñadas y realizadas para este espacio en 1991, cuando el artista participó en una exposición también organizada por el Reina Sofía. Como ocurre en el Palacio de Velázquez, el cristal que cubre las paredes de este edificio y el entorno dominado por la naturaleza contribuyen a apreciar las obras del artista.
La monumentalidad predominante en las obras de Criado, apreciable durante el recorrido de la
retrospectiva, vuelve a hacerse patente en
Ellos no pueden venir esta noche…, compuesta por paneles rectangulares de vidrio ensamblados que encierran miles de trozos de cristal. En su perímetro se alzan veintiocho cañas de pescar que simulan sostenerla al tiempo que parecen doblarse debido a su peso. Una obra de gran complejidad, igual que
Trasvase, otra de sus piezas de grandes dimensiones, en la que muestra una formación de
catorce mil cuatrocientas botellas blancas y negras alineadas de manera alternativa.
Información sobre la exposición:Lugar: Palacio de Velázquez y Palacio de Cristal, en el parque del Retiro
Fechas: hasta el 1 de octubre.
Horario: todos los días de 10:00 a 22:00 horas.
Entrada: gratuita