Marta Palenque: La construcción del mito Bécquer. El poeta en su ciudad (Sevilla, 1871-1936). ICAS. Sevilla, 2011. 266 páginas. 21,50 €
Coincidiendo con el 175 aniversario del nacimiento del poeta, y el centenario de la erección de su monumento en el sevillano Parque de María Luisa, el Instituto de la Cultura y de las Artes de la ciudad hispalense publicó a finales de 2011 el presente ensayo sobre
La construcción del mito Bécquer, acompañado de una exposición del mismo nombre. Gestado a lo largo de varios años de investigación –cuyos frutos previos habían sido anticipados en diferentes artículos–, su autora, Marta Palenque –responsable, recientemente, de una cuidada reedición de la célebre antología modernista
La corte de los poetas– disecciona, con el rigor y pulcritud propios de una visión objetiva, fuera de todo análisis tópico, los avatares de la fama becqueriana en su propia ciudad natal: desde un cierto rechazo inicial tras su muerte en 1870, hasta el reconocimiento definitivo de su genio lírico a comienzos del XX.
En España, el Romanticismo llegó tarde, una vez muerto Fernando VII, y su éxito duro poco. Cuando ya en Europa comenzaba el auge del Realismo (Dickens, Flaubert…) en las letras españolas se producía un vacío muy considerable, al no surgir una nueva estética que sustituyera a la romántica. Solo hubo dos grandes excepciones, Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro; poetas marginales, además, en su tiempo. En este contexto hay que comprender a Bécquer: nacido en 1836 en aquel periodo de atonía, claramente de transición, representará –un poco tardíamente– la culminación romántica en España. Pocos de sus contemporáneos lo estimaban: Núñez de Arce –vate admirado entonces– llamó a sus
Rimas “suspirillos germánicos”, y en Sevilla los primeros intentos de sus admiradores por honrar su memoria tuvieron que esperar a que cambiase el juicio de ciertos sectores de la oligarquía hispalense respecto a Bécquer, acusado de heterodoxia e impiedad por algunos de sus versos.
La presente obra reconstruye este proceso partiendo de documentos oficiales, cartas o escritos privados y textos periodísticos de la propia época. En la gran mayoría, se trata de documentos e imágenes inéditas, que resultarán de gran valor para los estudiosos de la familia Bécquer. Varias generaciones de artistas y escritores estuvieron implicadas en conseguir la glorificación del poeta en Sevilla, pero no fue una empresa fácil. Para el público actual, este relato pudiera resultar sorprendente, dado el reconocimiento unánime de su obra hoy día; pero no siempre fue así. El primer proyecto frustrado fue colocar su retrato en la Galería de Sevillanos Ilustres de la Biblioteca Capitular-Colombina; y sucesivos planes como ofrendarle una estatua, rotular con su nombre una calle, señalar con una lápida su casa natal y –quizá el más importante– trasladar sus restos desde Madrid para que reposaran en su tierra, o bien se demoraron largos años o se llevaron a cabo poco satisfactoriamente.
Como afirma la profesora Palenque, los sucesos que rodean esta crónica tienen rango de novela histórico-fantástica, con atisbos de ficción gótica: en una especie de combate entre fuerzas del bien y del mal, determinadas sombras urden intrigas frente a paladines de la lucha por la memoria de un poeta ideal y triste. En 1911, los hermanos Quintero –grandes admiradores de todo lo becqueriano– consiguieron cerrar el ciclo y costearon el conjunto escultórico actual, obra de Lorenzo Collaut Valera, dedicado a Gustavo Adolfo en su ciudad. Otros hitos lo constituyeron el traslado definitivo de su cadáver dos años después o la fundación de la Asociación “Amigos de Bécquer” en 1934. Cabe afirmar, por tanto, que también sus enemigos coadyuvaron a la construcción del mito becqueriano, figura popular y de referencia en la poesía contemporánea española.
Por José Miguel G. Soriano