Luis María ANSON | Miércoles 23 de mayo de 2012
Soraya Sáenz de Santamaría ha reducido a la mitad los gastos que en el año 2009 tuvo María Teresa Fernández de la Vega por idénticas funciones. Los contribuyentes españoles se ahorrarán 60 millones de euros. Esa reducción la ha aplicado también la vicepresidenta a otras partidas como personal eventual, dietas, viajes, protocolo, financiación de congresos y cumbres internacionales.
Lo que se hizo en tiempos de Zapatero con el dinero público solo tiene un nombre: despilfarro. Se disparaba con pólvora del rey a troche y moche, a izquierda y a extrema izquierda. Asombra el derroche, al peor estilo del nuevo rico, al que fuimos sometidos. Y no solo por el Gobierno Zapatero. Las comunidades autónomas, algunas de ellas gobernadas por el PP, se entregaron también al frenesí manirroto.
Bien, pues, por Soraya Sáenz de Santamaría que ha dado una gran lección de austeridad y sentido común. Lástima que no la haya completado con los asesores. Los ha reducido de 13 a 9. Pero ¿para qué necesita Soraya nueve asesores? ¿Quiénes son los que se benefician de la prebenda? ¿Quiénes los enchufados? No estaría de más que la vicepresidenta hiciera públicos los nombres de esos nueve asesores, con sus funciones y sus horarios de trabajo. Eso despejaría reticencias e insidias.
En todo caso, el cachete que la vicepresidenta de Rajoy ha propinado a la vicepresidenta de Zapatero ha resonado en toda España. Y ha señalado el camino a seguir por los dirigentes del PP en la Administración central, en la autonómica, en la provincial y en la municipal.
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