Viernes 25 de mayo de 2012
Mariela Castro, la hija del presidente de Cuba Raúl Castro, se encuentra en San Francisco, en donde dictó una conferencia el XXX Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA). Como no podía ser de otra manera, esta visita se ha convertido en toda una polémica nacional en Estados Unidos por las opiniones encontradas que ha desencadenado y las chispas que ha soltado en el seno de la comunidad cubana.
Mientras políticos demócratas y republicanos ven la presencia de la sexóloga como una oportunidad para tender puentes entre Washington y La Habana, porque el evento al que va a asistir no tiene connotaciones políticas; el exilio no lo observa de la misma manera, incluyendo al colectivo que Mariela Castro intenta defender: el de gays, lesbianas y transexuales.
Los cubanoamericanos condenan el hecho de que se le concediera el visado a una de las herederas de la dictadura más longeva del mundo y por ende, representante de un régimen en donde sólo privilegiados como ella, pueden salir de la isla sin el exigido y burócrata permiso de viaje, aunque pueda tratarse de ciudadanos que dejan su huella en el panorama internacional como Yoani Sánchez o Guillermo Fariñas, a quienes se les ha negado numerosas ocasiones la citada autorización por ser considerados “mercenarios”.
Tampoco podemos dejar a un lado el caso de Alan Gross, un estadounidense condenado a pasar 15 años de su vida en una cárcel cubana por dotar de ordenadores a la comunidad judía de La Habana y para quien el politburó comunista no ha dado su brazo a torcer por considerarlo un espía de EEUU. ¿Acaso este no era una razón de peso para pensarse mejor lo del visado a Mariela Castro y Cía?
Considerar que la presencia de la sobrina de Fidel Castro en un foro en San Francisco no viene adosado de matices políticos es un error.
TEMAS RELACIONADOS: