Cada vez que se produce una reunión de la Reserva Federal, el organismo con plena potestad sobre el dólar, se repite el mismo sintagma: los tipos de interés están
“históricamente bajos”, casi al 0%, es decir, que el sistema financiero puede tomar dinero del banco central prácticamente gratis, medida con la cual se pretende que el dinero fluya con facilidad por el sistema y no haya problemas de crédito ni de liquidez. Esta medida, que fue adoptada por el emisor del dólar nada más comenzar la crisis, fue seguida por el resto de bancos centrales relevantes del mundo, excepto el BCE, cuyos tipos de interés son algo más altos.
Sin embargo, esta medida inusitada, esta lluvia de maná, no ha producido una expansión económica análoga. Más bien se trata de una transfusión sanguínea masiva, a un muerto que no termina de levantarse de la cama con normalidad.
Según su último dato de PIB,
EEUU, la mayor economía del mundo, crecía tan sólo un 2,2% en el primer trimestre del año, frente al 3% del último trimestre de 2011, lo que denota una desaceleración a pesar de las agresivas políticas expansivas de la Reserva Federal y el Tesoro norteamericano, con ya casi cuatro años de dinero entre el 0% y el 0,25%.
En 2009,
Reino Unido decidió dejar sus tipos de interés en el 0,5%, un nivel histórico si se tiene en cuenta que en los peores momentos de la crisis del petróleo de los años setenta en la economía británica, los tipos tocaron fondo en el 5%. Pero si en aquella ocasión esa medida apenas duró un mes, el Banco de Inglaterra ha decidido dejar el dinero ‘casi gratis’ durante tres años. Pero esta inusual política monetaria tampoco ha dado frutos: la economía británica ha caído un 0,3% en el primer trimestre de 2012, según se ha conocido este viernes.
Pero uno de los casos más llamativos es el de
Japón. La economía nipona mantiene una política de dinero muy barato desde hace mucho tiempo. Cuando estalló la crisis, el Banco de Japón bajó los tipos del 0,5% al 0,3%. Tras el terremoto y posterior tsunami que devastó el país el pasado año, decidió dejar el dinero con un precio de un rango entre el 0,1% y el 0%, una medida que el banco central mantuvo en su última reunión, celebrada este miércoles. Sin embargo, su economía no termina de reflotar y el último trimestre decreció un 4,1% con respecto al anterior.
A pesar de estos ejemplos, la presión sobre el
Banco Central Europeo para que relaje el precio del dinero en la eurozona –a pesar de que se encuentra en el 1%, muy bajo, como se encargaba de recordar Jean Claude Trichet y ahora Mario Draghi en sus comparecencias- continúa. Así, durante la última cumbre informal de crecimiento, celebrada este miércoles, se reabrió el debate sobre si el emisor del euro debe bajar los tipos.
Y puede ocurrir, según auguran los analistas del Danske Bank, tal y como recogía José Carlos Rodríguez en su
crónica del jueves. En concreto, los expertos de esa entidad afirmaban que el organismo de Mario Draghi bajaría un cuarto de punto el precio del dinero en su próxima reunión.
“Se intenta resolver un
problema estructural, de exceso de deuda soberana, con políticas de ciclo, de política monetaria”, asegura Juan Rubio-Ramírez, analista de Fedea a este diario. Opina este experto que de ahí viene el fracaso de las políticas de dinero gratis de los bancos centrales.
En todo caso, y aunque varios analistas consultados durante los últimos meses hayan negado a este diario que haya que preocuparse por el momento de las consecuencias de esta política de expansión monetaria, tan ingente cantidad de dinero introducida en el sistema puede tener otra cara en la moneda: la
inflación. Como explica David Stevenson en una
columna del prestigioso rotativo británico Financial Times: “Todos estos planes para promover ‘el crecimiento’ sólo pueden conducir a la inflación, a un montón de inflación”.
Incluso a una tercera derivada, la
estanflación, es decir, una combinación de estancamiento económico y subida de los precios, tal y como alerta el economista Ramón Tamames en su libro '¿Cuándo y cómo acabará la crisis?' (Turpial, 2011).
A pesar de todo, no parece que las medidas vayan a cortarse por el momento, a tenor de las últimas declaraciones de los responsables de los bancos centrales. Parece que, como lleva ocurriendo durante la crisis, lo inusual termina convirtiéndose en usual.