Los Lunes de El Imparcial

César Aira: El congreso de literatura

RESEÑA

Domingo 27 de mayo de 2012
César Aira: El congreso de literatura. Mondadori. Barcelona, 2012. 116 páginas. 14,90 €



Clonar a Carlos Fuentes es el objetivo del científico excéntrico de esta novela de César Aira, editada por primera vez en 1997 y cuya reedición viene a ser un homenaje al recientemente fallecido autor. El personaje central del relato, escritor y traductor, le reserva al mexicano la misión de liderar un ejército de espíritus superiores para dominar el mundo, lo que daría sentido a su investigación. El autor se remonta a la infancia, época dorada en que la imaginación se sumerge en busca de los tesoros ocultos. Repentinamente enriquecido gracias a uno de estos hallazgos y después de haber padecido la indigencia del traductor en tiempos de crisis, el narrador nos informa que se propone ejecutar su plan maestro. El lugar de la trama se sitúa en las playas del Caribe en Venezuela. Precisamente, en este país, en la andina ciudad de Mérida, se celebra un congreso de literatura al que ha sido invitado y donde tendrá la oportunidad de encontrarse con Fuentes.

Entre el Génesis y El origen de las especies, Aira construye una fábula que admite múltiples interpretaciones y en la que aborda el problema de la creación como un asunto de traducción. Así, la creación literaria se entendería como una fábrica infinita de traducciones, tema borgiano, por cierto, en el que se presenta un juego de espejos. El paso de la realidad a la fantasía, en este Congreso de literatura, es tan sutil que apenas sí se distinguen los sueños del autor de su percepción del mundo: mujeres que se parecen a otras del pasado y que vienen a despertar sensaciones idénticas, criaturas que no proyectan su sombra y atmósferas que hacen referencia a otras dimensiones del cosmos. El humor y la ternura del cómic, los elementos de la cultura popular y la fuerza de los textos clásicos para jóvenes, participan en esta fantasía en la que una avispa es entrenada para cumplir una misión, en este caso, traer una célula del célebre escritor. Pero la minúscula criatura, tratada con mimo, no sabe distinguir entre una persona y una partícula de la corbata de Fuentes, lo que da lugar a la catástrofe: una nueva especie de gusanos de seda tan robustos que amenazan con destruir la ciudad.

Puede que el científico haya fracasado en su intento de clonar al escritor, pero en cambio ha ganado en su acercamiento a los secretos de la naturaleza artificial, en su conocimiento de las múltiples aristas del ser. Al salir de sí mismo, el clonador que desafía a Dios, puede verse soñar, olvidar y, a la vez, reinterpretar las traducciones previas, el proceso mismo del que salen distintas versiones del mismo modelo. El científico loco, igual que el escritor, sugiere Aira, trama en el anonimato la clonación de un universo: “Mi Gran Obra es secreta, clandestina, y abarca toda mi vida, hasta en sus menores repliegues y en los aparentemente más banales. He disimulado hasta ahora mis propósitos bajo el disfraz tan acogedor de la literatura”.


Por Consuelo Triviño Anzola