Opinión

La contienda electoral en México cambia de tono

Hebe Cue | Domingo 27 de mayo de 2012
Las campañas por la presidencia de México comenzaron como casi todas: marcando diferencias entre los adversarios e intentando convencer a los electores de que su opción es la mejor. Josefina Vázquez Mota del partido en el poder (PAN), inició con la novedad de ser la primera mujer candidata presidencial con posibilidad de ganar, pero a las pocas semanas pudo verse poca fuerza en su campaña, malas estrategias y peor coordinación. La imagen de la candidata de la derecha no parece tener carisma ni espontaneidad, le falta vida. Pasó de ser una opción interesante a una que causa pena.

Andrés Manuel López Obrador, candidato de la izquierda de las últimas elecciones federales, ha cambiado su estrategia de otros años. En esta ocasión ha tratado de limpiar su imagen, manchada por las asociaciones dolosas del PAN en la campaña de 2006 con Hugo Chávez, que para muchos le costó la presidencia. En 2012 ha buscado mostrar un Andrés Manuel de la reconciliación, como lo dice en uno de sus spots publicitarios “extiendo mi mano franca”. Intenta que las personas no lo asocien, como antes, con la intolerancia y la obstinación sino con la armonía y la justicia. Mientras los demás hablan del combate al crimen organizado, él quiere ganar con un discurso en contra de la pobreza y la desigualdad, pero con el tinte populista que lo caracteriza y atrae a un gran sector de la población.

La candidatura de Enrique Peña Nieto del PRI, partido que gobernó por más de setenta años, comenzó con fuerza y un equipo de expertos en campañas electorales de primer nivel. Este líder carismático, ex gobernador de uno de los estados más ricos e importantes, ha querido presentar una nueva cara del partido que muchos asocian con la corrupción, impunidad, crisis económica y autoritarismo. La estrategia parecía impecable: un candidato asertivo, confiable, que evita los enfrentamientos y el juego sucio. Sus asesores han tratado de desvincularlo de aquellos oscuros personajes priístas, de gobernadores cuestionables, e incluso algunos investigados por delitos, como Humberto Moreira de Coahuila, Mario Marín de Puebla o Ulises Ruiz de Oaxaca. Peña Nieto comenzó aventajando por más de quince puntos, según algunas encuestas, a los candidatos de izquierda y derecha. El plan parecía estar funcionando hasta hace pocos días.

La disputa electoral ha cambiado de intensidad y de tono en la última semana. La sombra de los pecados del PRI ha alcanzado a su candidato. Tomás Yarrington, ex gobernador priísta del norteño estado de Tamaulipas y uno de los lugares con mayor índice de violencia, ha sido declarado por el gobierno de Estados Unidos como sospechoso de lavado de dinero de diferentes carteles del crimen organizado. La imagen del “dinosaurio priísta” resurge y acompaña a Peña Nieto. Han comenzado los rechazos ciudadanos a su persona, pero también las campañas de los otros contendientes se han transformado.

Vázquez Mota ha sacado ahora en televisión anuncios donde ataca ya no sólo al candidato del PRI directamente, sino que lo asocia con personajes que para muchos son de dudosa calidad moral, como la líder sindical de los maestros. Aunque sea de refilón, este mensaje afecta también al candidato que va en un lejano cuarto lugar y que se hace llamar “ciudadano”, al representar al partido creado por esta líder sindical. Por su parte, López Obrador ya no parece ser tan tranquilo y ha comenzado a atacar al candidato del PRI, con un nuevo anuncio donde contrasta el rechazo de alumnos universitarios a Peña Nieto, con la bienvenida que recibió él en dos universidades.

Las campañas electorales en México se ensucian, comienzan los ataques y las descalificaciones, pero también parecen despertar a la sociedad que se encontraba apática y decepcionada de sus representantes y de los candidatos. Quizá ahora la gente reaccione, se movilice y participe, pero aún más importante, que exija a aquellos que gobiernan y quieren hacerlo, transparencia, eficiencia y justicia.

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