Hasta el momento,
los Estados miembros elaboraban sus presupuestos, se enviaban a la Comisión y ésta hacía sus recomendaciones. Consejos de abuela. Porque los Estados podían seguirlos o no. Como mucho, se incorporaban al lenguaje de los periodistas más avisados, a los debates parlamentarios y poco más. Ahora todo eso ha cambiado con el
semestre europeo. Las dos claves para entender su importancia son: Una, que las políticas de los Estados miembros se revisan ex ante, y no ex post, y en consonancia con un conjunto de objetivos marcados por la Comisión para la UE. Y dos, que el semestre acaba con unas “recomendaciones” del Consejo de Europa que acaban introduciéndose en los Presupuestos nacionales. Es, en definitiva, el verdadero comienzo de una política económica europea.
El semestre europeo es un calendario de actuaciones que tiene
el objetivo de someter a un control las políticas presupuestarias de los Estados miembros. Es un ciclo que tiene seis pasos.
El primero es un informe, elaborado por la Comisión Europea, titulado
Estudio Prospectivo Anual sobre el Crecimiento, o Annual Growth Survey (AGS) en inglés. Hace un análisis de la situación económica y financiera de la UE, y fija unas prioridades para el conjunto de la Unión, así como una lista de recomendaciones o tareas. El informe se presenta en enero. Comienza el semestre.
Ese documento se debate en tres instancias, el Ecofin y el Eurogrupo, es decir,
el conjunto de los ministros de Economía de la UE y de la eurozona, en el Parlamento Europeo y, finalmente, en el Consejo Europeo. De estos debates sale un conjunto de tareas para todos los Estados miembros. Esa tarea consiste en la elaboración de un Programa de Reformas, y en un Programa de Estabilidad o de Convergencia. Este es el segundo paso.
El tercero es la elaboración, por parte de los Estados miembros, de esos documentos, es decir, del
Programa de Reformas y el de
Estabilidad. Estos documentos son la traducción específica del AGS a cada país que, como es normal, tiene un conjunto de circunstancias económicas e institucionales distintas. El cuarto paso es el traslado de sendos informes a la Comisión.
El órgano de gobierno europeo, entonces, da el quinto paso, que es elaborar otros dos documentos. Por un lado un conjunto de considerandos y recomendaciones para cada país. Y por otro, un
Documento de trabajo de los servicios de la Comisión, que es un informe del contexto económico de las razones que acompañan a las recomendaciones. El documento de la Comisión no va directamente a los Estados, sino que se remite al Consejo. Y éste lo revisa y se lo manda a los Estados. Son las Recomendaciones del Consejo, que es lo que se va a presentar el próximo día 30 de mayo.
Estrictamente, aquí acaba el semestre europeo, pero todavía queda lo más importante, el sexto, que es el objetivo final.
Los Estados miembros tienen que revisar su política económica e incorporar las recomendaciones a los siguientes Presupuestos.Todo este proceso le da coherencia a la política europea, lo cual no es en principio ni bueno ni malo. Será una cosa u otra en función de cuáles sean sus objetivos. En conjunto, el semestre europeo tenderá a ser positivo en un sentido, y negativo en otro.
Será positivo porque su carácter eminentemente antidemocrático libra a la Comisión de la presión de los votantes, que siempre quieren más gasto y más favores, y le libra también de la tendencia de los políticos de hacer concesiones a corto plazo para ganar elecciones y dejar para el futuro las consecuencias de esas decisiones. Al eliminar el elemento democrático, cabe una mayor racionalidad económica.
Será negativo porque su carácter eminentemente antidemocrático permite al Consejo
imponer una política fiscal común. “Armonización fiscal” o “política fiscal común” son expresiones que tienen un significado concreto: Francia y Alemania impondrán a Irlanda y a los países bálticos una subida de impuestos para que éstos no puedan competir fiscalmente.
La última consideración que merece el semestre europeo es, precisamente, su carácter antidemocrático. Los Parlamentos nacieron para elaborar los Presupuestos. Para otorgar el consentimiento del pueblo a las exacciones de la Corona.