Cultura

Kirchner: la enérgica pincelada de un maestro del color

Crítica de arte

Martes 29 de mayo de 2012
Ernst Ludwig Kirchner, artista alemán de referencia en el arte europeo del siglo XX, protagoniza la nueva exposición de la Fundación Mapfre, en la que han sido reunidas 153 piezas de un pintor, grabador, escultor y fotógrafo cuya obra abarca cerca de 1.400 óleos, 20.000 dibujos y acuarelas, 2.100 grabados y 150 esculturas, lo que lo convierten en uno de los creadores más prolíficos y polifacéticos de la pasada centuria. Su fantástico manejo del color y la enérgica pincelada que domina la mayoría de sus trabajos son sus marcas de identidad.


Hasta el 2 de septiembre, la Fundacion Mapfre ofrece la oportunidad de contemplar una selección de la vasta obra de Ernst Ludwig Kirchner, artista alemán considerado uno de los de mayor relevancia del arte europeo del siglo XX. En total han sido reunidas 153 piezas, que incluyen pinturas, esculturas, grabados, dibujos y fotografías.

El color que domina la mayoría de sus trabajos es la clave de su obra. Su manejo de una paleta rica en tonalidades frías y cálidas por igual es digno de reseñar ya que, gracias a este recurso, logró que emanara una gran viveza de sus vistas urbanas, paisajes, retratos o desnudos; los temas que trabajó con insistencia durante su trayectoria.

La violencia de su pincelada, en ocasiones tan espesa que el pigmento se transforma en textura, es otra de las señas de sus trabajos, sólo mitigada durante la última etapa de su vida –años 20 y 30-, cuando se vio influido por la abstracción y el estatismo imperante en la corriente artística del momento.

Sus primeras obras, que han sido acotadas en la exposición entre los años 1905-1911 durante su estancia en Dresde, ya reflejan su reparo a dar continuidad al academicismo desviando su interés a otros estilos y técnicas. Figuran en esta etapa trabajos como Lago de un parque de Dresde, en el que se observa su interés por dar protagonismo a la gruesa pincelada, al igual que en Muchacha desnuda con la sombra de una rama y en Retrato del pintor Heckel, en el que se distingue una espesa línea azul que delimita los contornos y una trabajada textura en el rostro del personaje.

La rugosidad del modo de pintar de Kirchner encuentra en Emmy Frisch en la mecedora uno de sus mejores ejemplos que, sin embargo, no es posible apreciar en otras obras contemporáneas como Mujer yacente con camisola blanca, cuyo fondo lo componen franjas monocromáticas planas. Cuestión de contrastes.

Kirchner, buen conocedor de su tiempo, dejó constancia a través de sus obras de la aparente influencia que tuvieron en sus creaciones las de por otros artistas como Van Gogh. Así, en Girasoles, el visitante trasladará su memoria visual a una de las obras más características del artista holandés, lo mismo que al contemplar Jardines en Dresde, en el que los colores utilizados por Kirchner tanto recuerdan a los que dominaban la paleta de su colega.

Además de los paisajes, los desnudos son una de las constantes en su trayectoria, ya sea representados en litografías, grabados, óleos o esculturas. Así ocurre en la litografía sobre vitela Niña artista, de 1909, o en Muchacha bañándose en la tina con espejo de mano, de 1911, creada a partir de punta seca sobre plancha de zinc.


Su traslado a Berlín en 1911 y conocer a Erna Schiling, quien fue para él una de sus modelos predilectas, invitaron a Kirchner a conocer el expresionismo, estilo que le hizo introducir figuras angulosas y alargadas en su obra, así como una perspectiva más radical.

En esta etapa no dejó de considerar el desnudo como uno de sus temas predilectos. Se sirvió del episodio mitológico de la elección de Paris para representar a las tres diosas desnudas como así acontecía en otras etapas artísticas, eso sí, con sus señas de identidad: narices pronunciadas, gestualidad hierática y ojos almendrados. Exploró también las posibilidades de escenas intimistas como ocurre en Dos mujeres con aguamanil, obra en la que situó a dos mujeres en contraposto, y en Toilette. Mujer ante el espejo, en la que conviene percatarse de la discordancia entre la postura de la representada y su reflejo.


Uno de los periodos más enigmáticos de su vida aconteció entre 1915 y 1917, cuando su participación en la I Guerra Mundial y el consumo de drogas lo sumieron en unos años oscuros de ingresos en sanatorios que dejaron huella en su obra. Es de destacar en esta etapa la forma en la que se autorretrató, como en Retrato de un enfermo (autorretrato), de aspecto casi monstruoso. La intensidad psicológica de este grabado también es posible percibirla en los retratos de otros individuos con los que compartió aquellos años, como sus médicos.

Ya superados los años de decadencia anímica, su traslado a Davos, entre los años 1017 y 1925, le dio la oportunidad de inspirarse en las montañas y en los campesinos que las habitaban, si bien todavía sus obras era deudoras de una pincelada nerviosa.

Su contacto con el lenguaje abstracto en los años 20 y 30 hizo que su pintura perdiera vitalidad y fuera vinculada a un estilo más estático. Así pues, durante la última etapa de su vida, la abstracción acaparó su atención, lo que invitó al nazismo a considerar sus obras como arte degenerado. Amenazado por esta circunstancia, Kirchner hizo destruir parte de sus trabajos, pero no le bastó con tamaño sacrificio llegando a suicidarse en 1938.

Información sobre la exposición:

Lugar: Fundación Mapfre. Salas Recoletos.

Fechas: hasta el 2 de septiembre.

Horario: lunes de 14:00 a 20:00 horas / de martes a sábados de 10:00 a 20:00 horas / domingos y festivos de 11:00 a 19:00 horas.

Entrada: gratuita

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