Miércoles 30 de mayo de 2012
La detención de los últimos miembros de ETA sigue el mismo patrón de siempre: los terroristas iban armados, con documentación y placas de matrícula falsas, conduciendo un coche robado y con material para fabricar explosivos. Como muy bien decía el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, no puede hablarse precisamente de “ciudadanos ejemplares”. Ayer precisamente se reunía en Madrid con su homólogo francés, Manuel Valls, y ambos dejaban claro que pese al cambio político en el Elíseo, la cooperación en materia antiterrorista continuará en la misma línea.
A día de hoy, ETA apenas cuenta con cuarenta integrantes. Su falta de experiencia y organización contrasta con lo único que aún le queda intacto a la organización terrorista: su voluntad de seguir haciendo daño. De no ser así, ya se habrían disuelto y entregado las armas. Tampoco sus integrantes circularían pistola en mano ni portando material explosivo. ¿Puede decirse que el final de ETA está próximo? Todo parece indicar que así es. Sin embargo, ello no debe hacer que se baje la guardia, y las detenciones practicadas en Francia son una buena prueba de ello. Muestran, además, sus verdaderas intenciones, frente a quienes se empeñan en ver un giro copernicano en su forma de actuar. Que ha cambiado, sí, pero no por voluntad propia, sino por la labor de la justicia y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
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