Economía

Una España sin euro volvería a los 50’

Crónica económica

Viernes 01 de junio de 2012
Los economistas Luis Garicano, Tono Santos y Jesús Fernández-Villaverde han escrito un comentado artículo en El País en el que aseguran que la salida de España de la zona euro supondría la vuelta del país a las condiciones económicas y sociales de los años cincuenta.

Tres economistas de Fedea, pero no en nombre de Fedea, han escrito un artículo en el diario El País titulado No queremos volver a la España de los 50. Nadie quiere vivir a aquélla España, si es por motivos económicos. Y los autores, como ha precisado Luis Garicano a este cronista en conversación telefónica, no creen que estemos en riesgo de volver a los niveles de vida de mediados del pasado siglo. Es más complejo, pero más realista, que eso.

Los autores, además del ya citado, son Tano Santos y Jesús Fernández-Villaverde, quien representa la facción inflacionista de Fedea. El artículo es muy valioso, más de lo que pueda pensarse en un principio. Dice que el Gobierno ha hecho algunos cambios, pero no los que necesita España: “Ninguna de las reformas acometidas han alterado sustancialmente un estado insostenible”. Y por eso rechazan esa idea, que asume el Gobierno, según la cual nosotros hemos hecho nuestro trabajo y le toca a Europa sostenernos. Nosotros no hemos empezado a hacer nuestro trabajo, y ante el fracaso de Mariano Rajoy, los autores piden un gobierno de concentración.

“En Europa”, dicen, “ha habido siempre una enorme comprensión hacia España, fruto de la transición y de un liderazgo pasado con visión y capacidad de sacrificio. Pero este respeto está siendo destruido por nuestra infantil amenaza de romper la baraja”. Es decir, salir del euro. En este periódico hubo un debate muy interesante a cuenta de la posibilidad de que España saliese del euro. Lo planteó Manuel Balmaseda, y le respondieron varios economistas de renombre: Juan Velarde, Carlos Rodriguez Braun, Lorenzo Bernaldo de Quirós y Joaquín Trigo. Por otro lado, desde estas crónicas, también se respondió a Balmaseda.

Fernández-Villaverde, Garicano y Santos hacen un recuento de los efectos previsibles de una salida de España del euro. Recogen algunos argumentos reflejados en el debate en el seno de elimparcial.es, pero añaden alguna consideración muy interesante.

Comienzan por señalar lo más inmediato: “La nueva moneda se devaluaría considerablemente, los salarios y pensiones perderían gran parte de su poder de compra y todos los productos importados subirían de precio. Al aumentar la carga de la deuda, empresas, bancos y sector público se enfrentarían a la bancarrota. Las empresas, muy integradas en cadenas de valor global, suspenderían pagos con sus proveedores y perderían sus relaciones con sus clientes. Los bancos quebrarían”.

Además de ello (el colapso de nuestra renta real, de las importaciones, del crédito, de nuestras empresas más internacionales y más competitivas y, en particular, de nuestros bancos), se producirían otros efectos. Tendríamos que intentar que nuestra moneda tuviese credibilidad. Es decir, tendríamos que intentar que nuestra moneda se pareciese al euro. Y para ello, y para evitar la hiperinflación, el Estado tendría que hacer un brutal ajuste fiscal. No el ajustito de Rajoy, no el ajuste que nos va a caer cuando nos intervengan, sino otro mucho mayor si no queremos que la inflación acabe por devorar lo que reste de economía productiva.

Llegaríamos, antes o después, a un ajuste. Quizás más pronto que tarde, pues la devaluación sería una forma rápida de ajuste. Torpe quizás, pero rápida. Ahora bien, el panorama que nos esperaría en tal caso es desolador: “sería la España de los 50, con ingresos bajos, derivados del turismo, con baja productividad, bajos costes y con un control brutal ejercido por los caciques locales, que controlarían los monopolios de la nueva economía cerrada. Del control de cambios y de exportaciones, aparecería, como en Argentina, una nueva clase privilegiada, estrechamente ligada al poder, nacida del chanchullo, la chapuza y el compadreo”. Lejos, muy lejos, de lo que desea el común de los españoles.

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