Javier Martín Ledesma | Martes 05 de junio de 2012
Me viene a la memoria una frase de mi amigo Luis Carretero Herranz, profesional de reconocido prestigio en el digno arte y oficio de publicista; que ante un cliente que le daba largas para el pago de una factura de importe elevado, en un almuerzo nos comentaba a mí y a su colega, y también amigo mío, Salvador Toscano: ya no quiero más gestos, lo que necesito son gestas.
Con la que está cayendo creo que llegó el momento de dar la cara y asumir responsabilidades por activa y por pasiva, por acción y omisión, por hacer y dejar hacer. Creo en la culpabilidad compartida entre el que roba y el que permite robar; tan culpable es el que se lo lleva, como el que crea el marco o escenario para permitir saquear las arcas: las públicas, y algunas aparentemente privadas de las que luego todos debemos ir al rescate.
Rescate de bancos, cajas y emporios financieros que producen estupor, vergüenza e indignación de ciudadanos: perroflautas del 15 M, yayoflautas y otras flautas que quedan por llegar, a los que alguien, de manera desafortunada y despectiva denominará mindunguiflautas.
Hay que capitalizar la banca, pero a los pequeños y medianos empresarios que tuvieron que cerrar sus negocios, ¿quienes los capitaliza? No sólo se olvidaron de rescatarlos, sino que les obligaron a asumir las consecuencias, incluido el embargo de sus propias viviendas, bienes y cuentas corrientes. Lo que produce sonrojo es que además hoy se les exija el esfuerzo de ser comprensivos y solidarios con quienes no lo fueron con ellos.
El desprecio político hacia todos los mindunguifllautas consiste entre otras cosas en meternos el miedo en el cuerpo argumentando que si cae la banca se cae el sistema. Más miedo, más acongoje, más sacrificios, ¿y más que? Me pregunto ¿y ellos cuándo, cómo y cuánto? ¿No será que el argumento se soporta sobre una falacia basada en un sistema pensado para llevárselo calentito? Un sistema pesebrero del que comen hasta hartarse para no dejar comer.
No quiero ser más comprensivo con tanta golfería. Si hay que irse al garete nos vamos y punto. Pero cuanto antes mejor, ya que de seguir permitiendo estos desmanes nos iremos igualmente, pero eso sí algunos con las manos, los bolsillos, las carteras, e incluso las maletas hasta las trancas de billetes. ¡Cuánta materia gris y talento desaprovechado o mal enfocado!
Despreciados políticos, porque no hacen nada para ganarse mi respeto, y menos aún mi estima; llegó la hora de predicar de forma ejemplarizante. No se escuden en los chocolates del loro, porque muchos chocolates del loro hacen una plantación de cacao. Inapreciados gobernantes de lo público y metemanos de los bolsillos privados de ciudadanos honrados ya llegó la hora de menos gestos y más gestas.
Nótese la diferencia. Dícese de gesto, el acto o hecho que se realiza por un impulso del ánimo, y yo añado: suele hacerse de cara a la galería o para quedar bien. Dícese de gesta, el conjunto de hazañas de un personaje o un pueblo, léase también conjunto de hechos memorables.
Claro que para hazañas y gestas hacen falta gobernantes con coraje, leales con la ciudadanía y no con el dinero, pero creo que de esos no quedan.
Pero cuidado, que he dicho gestas, que no JETAS, que significa, y especialmente en este contexto, desfachatez y caradura. De estos, si que quedan: más que botellines de cerveza.
¡Ya está bien! Como decía el actor Fernando Tejero en una popular serie televisaba: un poquito de por favor.