Miércoles 06 de junio de 2012
La presente edición de los Premios Rey Jaime I ha cobrado protagonismo no sólo por la relevancia de los galardonados -que también-, sino por la declaración pública hecha por los Nobel que forman parte del jurado. Entre otras cosas, advierten de que “la importancia de la formación para el desarrollo económico y el bienestar social, necesita promover la ciencia y el sacrificio personal, cuya negligencia ha sido una de las raíces de la crisis económica actual”. Con una encomiable dosis de autocrítica -“los negligentes somos todos”- el presidente ejecutivo de la Fundación Premios Jaime I, Santiago Grisolía, añadía también que nada de esto es nuevo, sino que viene gestándose desde hace tiempo.
Casi tanto como el que la ciencia lleva reclamando ayudas; es decir, desde siempre. España nunca ha destacado especialmente por sus inversiones en investigación. Sin embargo, en las últimas décadas se habían hecho progresos notables. En plena crisis, los recortes también afectan a I+D, aunque no sólo de eso alerta Grisolía. Y es que el problema va más allá. Los recortes pueden ser algo coyuntural; eso es, al menos, lo esperable. Pero los políticos no parecen comprender que la investigación es lo que llaman los profesionales una economía sumamente inelástica. Un experimento no puede interrumpirse, como si de una carretera se tratara, para reanudarse dos años más tarde. No funciona así. Tampoco los investigadores: un colectivo muy internacionalizado que se trasladará a otro laboratorio en otro país.
La complacencia en la que se había instalado gran parte de la sociedad española tampoco es coyuntural. Se ha vivido del crédito, muy por encima de las posibilidades reales. Lo ha hecho el Estado central. Y las Autonomías. Lo han hecho particulares y empresas. La mala praxis bancaria de gran parte del sector financiero pasa ahora una factura muy difícil de afrontar. E incluso en el ámbito educativo de los más jóvenes, la laxitud en materia de exigencia y experimentos fallidos tales como la LOGSE conducen a que la tasa de fracaso escolar hoy en España sea una de las más elevadas. Y si no se tienen en cuenta todos esos factores, la salida de la crisis estará cada vez más lejos.
TEMAS RELACIONADOS: