Jueves 07 de junio de 2012
El Banco Central Europeo ha tomado la decisión de mantener los tipos de interés en el uno por ciento. Era la decisión esperada. Pero en esta ocasión la idea de no cambiar la política de tipos y no rebajarlos ha sido menos unánime que en meses pasados. De hecho, varios analistas apuntan al escenario de que la institución rebaje los tipos en un plazo breve e incluso algún analista apuntaba a este mismo miércoles.
El presidente del órgano regulador, Mario Draghi, ha hecho una advertencia sobre los riesgos que todavía se ciernen sobre la economía real procedente de las tensiones del ámbito financiero. Por otro lado, el BCE sigue considerando que las perspectivas de inflación “están firmemente ancladas”, que es el lenguaje propio del BCE para indicar que está controlado. Esos dos elementos del análisis del órgano regulador apuntan a que, efectivamente, el BCE podría rebajar los tipos que pide a los bancos para su financiación.
Europa se debate, en este punto, en el clásico dilema entre el crecimiento y la inflación. Pero la tesitura es, en realidad, otra. Está entre las llamadas de los políticos a una pronta recuperación, expresión legítima de la ciudadanía europea, y las necesidades de ajuste de la economía. Ese ajuste se retrasará con unos tipos más bajos. No está claro que Europa se pueda permitir una cosa ni la otra. Pero es de esperar que, en cualquier caso, aunque el BCE acabase tomando la decisión esperada, los gobiernos europeos no cejen en su empeño de reformar la economía para un pronto reencuentro con el crecimiento.
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