Opinión

¡Dale al bombo, Manolo!

José Antonio Ruiz | Viernes 08 de junio de 2012
¡Me está entrando un subidón! España ciclotímica, país de loqueros, evasión o victoria. Si el fútbol, según Valdano, es un estado de ánimo…, ni te cuento la política, que viene a ser, tirando de Clausewitz, la prolongación del fútbol por otros medios, pues el juego consiste en ir por ahí tocando al personal las pelotas.

Bien está que la ministra de Trabajo se encomiende a la virgen del Rocío para que nos ayude a salir del infierno; bienvenida sea cualquier ayuda, mayormente si tiene origen divino, teniendo en cuenta que sólo un milagro nos puede librar de la caja de madera. Pero por el amor de Dios, no dejemos nuestro futuro en manos de la suerte que pueda correr La Roja, con todo su lustre bolchevique, porque lo único que conseguimos con semejante simpleza es encaramarnos a la altura de la rama de árbol del ahorcado donde el mono pajillero duerme plácidamente la siesta después de comerse el plátano.

En Zamora, la guardia civil de la de tricornio investiga la muerte de un vecino de Cañizal que llevaba muerto veinte años, tendido en el pasillo de su propia casa, sin que nadie, hasta cuatro lustros después, se hubiera percatado de tan larga ausencia. Raro, raro, raro. Tan rara como la muerte en vida de España, que lleva cadáver muchos meses, y todavía no la han enterrado aunque el fiambre ya huele y el duelo se está prolongando más que las pesadillas de un muerto.

Lo de la ayuda o el rescate, duro o blando, tarde o temprano se resolverá, ya lo verán, ya vengan Los hombres de negro, La mujer de rojo, don Emilio Botín en bermudas, o el hombre del saco a dar por el saco. Peor arreglo tendría, y ningún perdón posible, que después de habernos visto con el agua al cuello, contemplando sobrecogidos cómo subía la marea, siguiéramos agarrándonos al planteamiento vital de un primate.

Al poco de aterrizar en el servicio mundial de noticias de BBC me encomendaron que elaborara los obituarios de Boris Yeltsin y de Juan Pablo II… “por lo que pudiera pasar”. Pardillo de mí, se me ocurrió preguntar el porqué de tanto celo previsor y me respondieron si acaso conocía un suceso informativo con mayor grado de certeza que la muerte. Eso me pasa por preguntar -pensé. Pero por años que pasen debe ser que no escarmiento.

La que no escarmienta es Esperanza, la aguerrida Aguirre, que en lugar de dar explicaciones y depurar responsabilidades por el descuadre de mil millones de euros en las cuentas imprevisibles de la Comunidad de Madrid, va y se saca de la remanguillé un ERE de diputados, brindis al sol en Las Ventas, con el que consigue desviar el foco del saco de nuevas tasas y diezmos, y de paso no desaprovecha la ocasión para poner en evidencia a Mariano, a sus propios compañeros de cofradía que siempre se quedan cortos los muy timoratos, y a las huestes de la oposición, a las que suele sorprender con el paso cambiado, convencidos como estaban los pobres de que a ningún bombero se le ocurriría pisarle la manguera a otro. Va a ser verdad que en España, país de semanas caribeñas, hay más cacerías políticas que en la mismísima África negra.

Lo que no estamos es para hacernos los machotes. Ni a Montoro le acompaña el cuerpo para sacar pecho como Agustina de Aragón con gafas, ni a quienes quieren vernos mendicantes la capacidad de disimulo a la hora de perdonarnos la vida como matones de medio pelo.

Nos llevamos las manos al melón porque la prima de riesgo desborda la cota de los quinientos, y nos quedamos tan panchos tras conocer que la prima de España se ha puesto en 320.000 talegos por cabeza a poco que los chicos de Vicente acierten a meterla y ganen la Eurocopa.
Seamos serios. En evitación de desilusiones y de un bajón del que difícilmente nos recuperaríamos, no empeñemos nuestro estado de ánimo al circo de la futbolería, sabiendo como sabemos que ni González Byass las tiene todas consigo a la hora de convencer a la propiedad mexicana del número cero de la Puerta del Sol para que le permita reinstalar, debidamente restaurado, el luminoso de Tío Pepe, a fin de que pueda seguir alumbrando la falta de luces perrofláutica.

El diario La Razón sale al kiosco con un suplemento donde aparece la tierna imagen de un bebé enfundado en la camiseta de España, durmiendo como una marmota. Titular: “España, sueña”. Tópico: el sueño goyesco de la razón produce monstruos.

España moscosa, en alerta amarilla, adiós al Ford Fiesta, necesita un pichichi, y no es el Niño Torres, ni Kiko Rivera, DJ de moda. Y RTVE un enterrador, en lugar de un empollón que, como su predecesor, no tiene ni idea, pues el ex ministro de Defensa entendía de cañones y el abogado del Estado que está a punto de aposentarse en Prado del Rey, de mantequilla. Si el Gobierno fuera consecuente, que no es el caso, haría lo contrario de lo que hace, pongamos por caso acudir al rescate del imperio en estado de derribo que pilota Janli Cebrián, pues le saldría más barato nacionalizar Prisa que reflotar Bankia.

Mal nos va a lucir el pelo si con la que está cayendo el debate de la semana acaba siendo el sobrecogedor interrogante acerca de si se puede ser femenina con pelos en las axilas.

En medio de esta Apocalipsis zombi, lo cierto es que España tiene la dignidad a la altura de la dignidad perdida del Banco de España; y estando así de negro el panorama, eso que algunos llaman el “orgullo español” no es más que una broma de mal gusto que se ha inventado algún hortera arrogante, nostálgico de Felipe II.

Si gana España a Italia, Moncloa pedirá formalmente el rescate este mismo sábado, aprovechando la resaca del post partido. No me extrañaría.
The beautiful game. Jugar a la pilota no es pecado. Ya lo predicó San Vicente Ferrer en un antológico sermón futbolero. El pecado es hacer de la pelota un artilugio político. «Hay tanta política en el fútbol –se le oyó decir un día a Tommy Docherty-, que Henri Kissinger no hubiera durado ni 48 horas en el Manchester United». Como asegura Brian Clugh con conocimiento de causa política, «hay más hooligans en la Cámara de los Comunes que en cualquier partido de fútbol». Claro que si pensaran con la cabeza en lugar de con los pies, los políticos debieran saber que no es tarea sencilla catequizar el corazón del votante forofo, pues como bien lo sufrió en carne propia Sacha Distel, el mismo que cantó a Le Soleil de Ma Vie, «conquistar el fútbol es más difícil que ganarse el corazón de Brigitte Bardot».