Víctor Morales Lezcano | Viernes 08 de junio de 2012
Resulta plausible comprobar cómo las actividades de repertorio esenciales establecidas en Casa Árabe (Madrid) continúan su singladura después del cambio operado en la dirección hace sólo un par de meses. Este reconocimiento viene a cuento debido a un hecho de naturaleza editorial.
La publicación de una antología de ponencias titulada La islamofobia a debate. La genealogía del miedo al Islam y la construcción de los discursos anti-islámicos, editada por Gema Martín Muñoz y Ramón Grosfoguel, en marzo del año en curso, nos viene como anillo al dedo en este momento de la discusión. Se trata de una publicación fruto de un coloquio y debate que tuvieron lugar en Casa Árabe en 2009. El elenco de ponentes que contribuyeron en su día es bueno, aunque haya -como siempre ocurre en las publicaciones colectivas- diferencias de calidad entre las aportaciones de los autores.
Vayamos ahora al fondo de la cuestión. Islamofobia a debate expone a la luz de las candilejas el tema del fenómeno de marras en una aparente fase de agotamiento de la fórmula paneuropea de posguerra que acaba de cumplir su medio siglo.
Según varios de los ponentes congregados en la obra, todas las alteraciones de fuerzas y componentes que se han ido concitando en la Europa de Maastricht y Schengen hasta culminar en el infeliz Tratado de Lisboa, han conducido a que, dentro de lo que Toynbee llamó “proletariado procedente del exterior”, haya sido el conjunto humano de identidad islámica aquél que ha congregado en el Viejo Mundo una comunidad de treinta millones de ciudadanos vinculados entre sí por los valores culturales de la religión islámica. Es decir, por expresarlo con palabras de Tariq Ramadan, un Islam europeo, desgajado de la Umma o comunidad islámica universal. Esta ramificación diaspórica de la Umma ha ido instalándose durante los cinco últimos decenios en el mercado laboral de los veintisiete países-miembro de la Unión Europea -e incluso, en el mundo profesional, como es el caso de la tercera generación de turcos en Alemania- . Se trata de una diáspora musulmana que ha contribuido, desde hace años, a “teologizar los problemas sociopolíticos, según la táctica del fundamentalismo religioso”, en frase de Nash Hamid Abu Zayd (1943-2010) -a quien está acertadamente dedicada la antología de Casa Árabe que aquí se reseña-. Conviene no olvidar, sin embargo, que el homenajeado da la vuelta al calcetín dialéctico, y añade “…teologizar los problemas sociopolíticos es de hecho (también) la táctica del fundamentalismo laico”. O sea, aquél que, recurriendo a una generalización abusiva, ha optado por una simplificación de este tenor: “todos (los musulmanes) como si fueran uno