El
discurso de Miguel Ángel Fernández Ordóñez se ha producido en el seno del Banco de España, cara a cara con su sucesor, Luis María Linde, aunque luego lo ha publicado la propia institución. La carta se produce en concomitancia con el
informe anual correspondiente al año 2011. Tiene dos partes diferenciadas.
En la primera MAFO hace un análisis de la economía europea y española. En la segunda deja un testamento político para su sucesor y para el Gobierno que, aunque ya no lo parezca, acaba de llegar.
Por lo que se refiere a la primera parte, critica la lentitud de las políticas nacionales en la asunción de las exigencias europeas, así como “la falta de consenso político a nivel europeo para abordar las debilidades del diseño institucional del euro”.
Pero considera varios pasos positivos, como los recortes y reformas que se han llevado a cabo en varios países “
así como los procedimientos para sancionar su incumplimiento, y se ha promovido —en el marco del nuevo Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza— el reconocimiento explícito del compromiso de estabilidad presupuestaria en las legislaciones nacionales”. También valora las acciones adoptadas por el BCE, aunque éstas sólo les han otorgado un valioso tiempo de relax a las instituciones comunitarias y a las naciones para llevar a cabo sus reformas.
Respalda al Gobierno en su apuesta (más verbal que en las políticas) por la austeridad: “
La consolidación fiscal es ineludible para restaurar el crecimiento a medio plazo, a pesar de que la magnitud y la pauta temporal del ajuste exigido tengan efectos negativos a corto plazo. Es la única estrategia disponible para recuperar la confianza de los mercados”. Y también los saneamientos del sistema financiero ordenados por De Guindos, aunque se haya hecho de espaldas a la institución.
La segunda parte es de carácter más político. Son los cinco últimos párrafos, nada menos, en los que se hace un canto a la independencia de los órganos reguladores, de los que el Banco de España es con diferencia el más importante. “
En la difícil situación por la que atraviesa la economía española, la variable más crítica no es, por grave que sea su evolución reciente, ni el crecimiento ni el paro, sino el deterioro de la confianza”, dice, en un comentario que va más allá del puro análisis económico. Y parte de esa labor de generar confianza está la labor de los órganos reguladores.
Miguel Ángel Fernández Ordóñez ha sido criticado desde antes de ocupar su cargo por parcialidad. Puede parecer injusto que fuera así, pero no lo es tanto si consideramos primero que es un político con el mismo carnet que el entonces presidente del Gobierno, y segundo que su ejecutoria ha confirmado las sospechas de los críticos, al menos a ojos de éstos. Dice, en sus últimas palabras como gobernador, que es “seguro que, cuando el tiempo coloque a cada uno en su sitio, su trabajo (el del Banco de España) durante estos años de crisis será reconocido y justamente valorado por todos”. Pero resulta difícil concebir que los historiadores no verán la gestión de MAFO como un borrón en la historia del Banco de España.