Cultura

Las chicas de la sexta planta: en busca de la felicidad

critica de cine

Domingo 10 de junio de 2012
El director francés Philippe Le Guay construye una sencilla comedia costumbrista, cuya acción sitúa en el París de los años 60, esos años en los que en la capital francesa eran las criadas españolas quienes se ocupaban de los quehaceres domésticos en los domicilios de las familias más pudientes.


El guionista, director y actor francés Philippe Le Guay, nacido en 1956, nunca había olvidado que cuando era niño, sus padres contrataron a una criada española. Con ella pasó los primeros años de vida y cuando, posteriormente, ya de adulto, conoció en España a una mujer que había trabajado en París durante aquella misma época y que le contó las verdaderas condiciones en las que vivían las emigrantes en tierra extranjera, pensó en que tenía que hacer una película que tratara de ellas. Le Guay confiesa, de hecho, que la idea se apoderó por completo de él y tuvo claro que nada mejor que contar con un elenco de actrices españolas, para narrar las circunstancias de la comunidad de sirvientas de esta nacionalidad.

Natalia Verbeke es la protagonista de esta historia de amor, de sueños y soledades, en la que los personajes van en busca de su porvenir, más o menos ambicioso, y se emplean a fondo para conseguirlo, aunque, la mayoría de las veces, sea a costa de grandes sacrificios. Aunque no sea igual para todos los personajes. La actriz nacida en Buenos Aires encabeza el colectivo de las sirvientas españolas que han emigrado a París para trabajar y mandar dinero a la familia que se ha quedado en España. Junto a ella, con cuya llegada a París se inicia la historia, están los personajes interpretados por Carmen Maura, Lola Dueñas, Berta Ojea y Nuria Solé. Conviven todas en la sexta planta de un edifico señorial, donde trabajan en los elegantes pisos de sus empleadores. Pero nada de comodidades para ellas. Por no tener, no tienen ni de un retrete en condiciones. Mucho menos, disponen de agua caliente, calefacción o una nevera en la que guardar la leche. Aunque, claro, eso lo ignoran los inquilinos de las plantas inferiores. Lo ignoran, en el sentido de que no lo saben, pero, también, en el sentido de que no parece importarles en absoluto.

Los habitantes de las plantas inferiores no tienen sueños o, si los tuvieron, un día dejaron de perseguirlos, convencidos de que nada les faltaba en la vida. La trama escoge como contrapunto de lo que ocurre en el sexto piso – donde se suplen las carencias con buen humor y compañerismo – a una familia de posibles, formada por un matrimonio de mediana edad y dos hijos que estudian en un internado. La esposa, a quien da vida la hierática actriz francesa Sandrine Kiberlain, está siempre cansada de no hacer nada e intenta imponerse a la criada que ha servido durante años a su suegra, que acaba de fallecer. Hasta que no le queda más remedio que despedirla y, es entonces, cuando recurre a la contratación de una española – sus igualmente pijas y ociosas amigas, la convencen de que es lo que se lleva – y, de esta forma, María, interpretada por Verbeke, llega a la casa. Ella será la causa de que esa carencia de sueños se destape como lo que es, una gran mentira. Los sueños están, pero se habían quedado casi muertos, olvidados. En el caso del marido, Jean Louis, a quien interpreta el genial actor Fabrice Luchini, icono del teatro y el cine francés, esos sueños resucitan. Un día subirá por casualidad a la sexta planta y, a partir de ese momento, su vida cambia para siempre. Entre situaciones típicas de comedia, pero que guardan mucho de realidad, el hombre de negocios francés irá descubriendo una forma bien distinta de vivir y sus sentimientos hacia María ponen el punto romántico a esta cinta sencilla, muy al estilo de la comedia francesa que triunfa en aquel país – dos millones de espectadores en su estreno de 2010 – y que, aunque con menor repercusión, siempre acaba saltando sus fronteras.

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