Andrea Donofrio | Domingo 10 de junio de 2012
En estos días, muchos Gobiernos nacionales de la Eurozona viven con alivio el inicio de la Eurocopa, oportunidad única para distraer a la opinión pública de los problemas que afligen a sus respectivos países. No obstante, resulta evidente que la Unión Europea se enfrenta a una de los momentos más difíciles de su historia reciente: crisis financiera, dificultades económicas, y divergencias políticas que minan la unidad del proyecto y cuestionan la supervivencia del euro. Mientras en España se debate de si se trata de un rescate o de una ayudita y en Grecia se sueña con la vuelta a la dracma como única panacea a sus males, en Italia sigue la incertidumbre política y el temor a un posible contagio económico. El Gobierno de Monti sigue su camino llevando a cabo sus reformas, consciente de que la emergencia no ha terminado y con miedo al contagio español.
La situación de España –económica- y de Grecia –económica y, sobre todo, política- preocupa al Ejecutivo italiano ya que la economía nacional parece aún vulnerable y muy sensible a las fluctuaciones de los demás países. Las previsiones europeas resultan desalentadoras y las condiciones de los PIGS preocupan los mercados financieros: no se puede excluir una futura revisión del ratings de algún país de la zona euro. Monti vive con aprensión e interés la situación de los demás países de la UE, a sabiendas de que la prima de riesgo puede subir en cualquier momento. Aún así, teniendo en cuenta sus palabras de los últimos días, es evidente su “satisfacción”, ya que el actual mandatario italiano sabe que, desde que empezó su labor, la situación de Italia ha mejorado notablemente y ha conseguido alejar los rumores de una posible intervención en el país. Hubiera sido algo especialmente “sufrido” y negativo, ya que Monti había sido elegido para evitar esta eventualidad. No obstante, Italia debe mantenerse cauta y comprender que el camino a seguir resulta largo y lleno de obstáculos. No se trata sólo del posible peligro de contagio: la economía italiana sigue mostrándose frágil y la fase de recuperación parece lenta. Tras los durísimos ajustes, puestos en marcha en los primeros meses de su mandato, Monti bien sabe que la economía vive de ciclos y ya ha llegado el momento de iniciar una etapa nueva: la economía italiana debe ser impulsada, el Gobierno debe preocuparse para aprobar una serie de medidas que favorezcan el crecimiento.
El Gobierno Monti debe apostar por el crecimiento, por cambiar un país desgastado, consciente de que disminuye el apoyo de los partidos al Ejecutivo, tanto de izquierda como de derecha. Los partidos tradicionales están entrando en campaña en previsión de las elecciones del próximo año. Por lo tanto, Mario Monti debe actuar rápidamente, ya que su Gobierno tecnócrata todavía cuenta con el apoyo de la mayoría del Parlamento italiano y de la opinión pública. Pero eso parece ser “temporal”, ya que las principales formaciones políticas nacionales han entrando en campaña en previsión de las elecciones de 2013. Es probable que el Partido Democrático y el Pueblo de la Libertad del ex presidente Berlusconi apoyen a Monti hasta el final de su legislatura: mientras tanto los partidos muestran por un lado que “nada ha cambiado”, impidiendo la aprobación de una ley contra el delito de corrupción propuesta en interés del país; por otro, apelan a la “memoria corta” de los electores, haciéndoles creer que los culpables de la crisis son “extranjeros”, los otros países de la UE, omitiendo sus responsabilidades y su discutible acción política. Esto último resulta importante: los partidos muestran su preocupación ya que la gente se está dando cuenta de que el país puede funcionar –e incluso mejor- sin ellos: por eso, los partidos tanto de izquierda como de derecha intentan demostrar que son imprescindibles y aunque en la práctica siguen apoyando al Gobierno Monti, dialécticamente le atacan cuestionado su autoridad y su capacidad para enfrentarse a la crisis. Asimismo, los partidos –sobre todo el de Berlusconi, el más responsable de esta pésima situación, habiendo estado por casi 10 años al Gobierno y sin haber adoptado ninguna medida digna de mención, salvo el desesperado intento de salvar a su Capo de la cárcel- intentan “chantajear” el Gobierno Monti, pretendiendo condicionar su agenda política y amenazando con no aprobar las reformas necesarias para recuperar al país. Monti está avisado: el peligro no viene sólo desde fuera, desde los países de la Unión Europea, sino que debe defenderse de los partidos políticos nacionales e intentar mejorar la situación de Italia. Toda Europa saldría beneficiada.