Apropósito de la crítica teatral dice el escritor argentino Miguel Ángel Gisella: "la crítica debe ser una reflexión sobre los hechos en todas las dimensiones que inciden en la complejidad, en este caso, del fenómeno dramático: qué dicen los parlamentos, cómo lo dicen, coherencia e hiato con la caracterización y los sentimientos, lugar y recorrido escénico, correspondencia entre la apariencia externa simbolizada en vestuario y maquillaje, la comunicación o no entre los actores, la capacidad o incapacidad del logro de la unidad entre actores-espectadores y, en general, la armonía de todos los factores integrados o integrables en el espectáculo".
Solo un año antes (en 1983) escribió el rumano-francés Eugene Ionesco: "No sabemos muy bien lo que una obra, una novela, puede implicar y por eso, precisamente, existen los críticos. Por eso están ahí para intentar ver, comprender, lo que ha intentado decir el autor o, por lo menos, lo que ha dicho sin querer. Una obra es una revelación de todo tipo de temas, tensiones, fantasmas, marcas típicas. Por eso existen tantos críticos. Los hay sociólogos, psicoanalistas, humanistas, lingüistas, etcétera, y todos ven una obra distinta, cada uno ve algo perfectamente diferente de lo que ha dicho su vecino. Todos los puntos de vista, todos (aunque parezcan contradictorios) son verdaderos, puesto que la realidad, toda realidad, tiene y presenta aspectos muy numerosos...
Nuestros críticos, poco tienen de sociólogos, psicoanalistas, humanistas, lingüistas… Y poco analizan “qué dicen los parlamentos, cómo lo dicen, coherencia e hiato con la caracterización y los sentimientos, lugar y recorrido escénico, correspondencia entre la apariencia externa simbolizada en vestuario y maquillaje, la comunicación o no entre los actores, la capacidad o incapacidad del logro de la unidad entre actores-espectadores”. Tan solo asisten al teatro cuando son invitados o tienen alguna vinculación política (de izquierdas, claro) con los protagonistas. Aquello que menos cuesta es contar el argumento y, eso es lo que hacen casi todos. ¿No será que hace falta una escuela de críticos?
Mariano Torralba