Opinión

Pasiones vaticanas

Norberto Alcover | Jueves 14 de junio de 2012
Dejémonos de ese anecdotismo que regala los oídos del anticlericalismo más feroz, tan extendido todavía en España, y vayamos al núcleo de lo que está en juego en ese pequeño estado de nombre Vaticano, donde reside quien es líder de la Iglesia Católica y uno de los más relevantes personajes del entramado mundial, el Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, ese germano envejecido y tan inteligente de nombre Benedicto XVI.

Pues bien, el núcleo encuentra explicación definitoria en ese apelativo con que se nombró a esa misma Iglesia Católica hace siglos: la casta prostituta.

Casta porque su origen, para los creyentes, es divino, y prostituta porque está formada por hombres y mujeres sometidos a sus pasiones más destructoras y deleznables. Sobre todas ellas, la pasión del poder en nombre de Dios. Poder religioso. Poder económico. Poder político. Poder social. Poder histórico, en fin. El dominio de las conciencias utilizando el cayado del Buen Pastor. El pecado eclesial.

Tengo la convicción de que el Papa Benedicto es un hombre recto, honrado donde los haya, y justo, y que su intención, tal y como anunció en sus comienzos de pontificado, era cambiar y purificar la Curia Romana en profundidad. Y el hecho, tan humano como tristísimo, es que determinados personajes curiales no le están permitiendo que tal cambio purificador se produzca. Antes bien, trabajan como sea para que las cosas permanezca iguales, o por el contrario, hartos de la lentitud de las reformas, ponen palos en el camino emprendido. Dos formas diferentes de ralentizar la voluntad pastoral de este anciano venerable. Éste es el núcleo pragmático producido por el otro núcleo pasional.

Se hace necesario reformular la estructura personal del Sucesor de Pedro. Porque la edad y la salud física y psicológica imponen sus leyes. Lo escribo porque seguramente Benedicto XVI se encuentra sobrepasado por pasiones y planes que le repugnan pero no es capaz de controlar. Solamente la verdad nos hace libres. En esta cuestión, también.