Opinión

260.000 empleos

José María Zavala | Jueves 14 de junio de 2012
Doscientos sesenta mil empleos. De mierda. No nos engañemos, es eso lo que prometen tanto Adelson, el magnate del juego que trata de colar en España el ya famoso Eurovegas, como la banda de politicuchos que que le amparan. La propuesta del multimillonario que presume de ir a sacar de la crisis a la localidad que resulte afortunada, no puede ser calificada si quiera de “caramelo envenenado”, porque la afrenta que supone no hay por dónde cogerla.

“Mister Adelson” promueve así la diferenciación sectorial de la economía europea, reforzando la imagen de una Península Ibérica que sólo sirve para albergar las formas más rancias de turismo. No sólo se ayuda a España a seguir cavando su tumba a través de la fragilidad económica, sino que se insiste en desaprovechar muchos otros recursos que no tienen que ver con el tiempo libre.

“Mister Adelson” incita a consumir un modelo de ocio gris, que no sólo rezuma zafiedad y aborregamiento, sino que además bascula hacia terrenos que son cuestionables hasta para la mayoría “bienpensante”, como lo son la prostitución y las drogas ilegales. Para evitar esos clichés ha tratado de disfrazar su proyecto como si de un complejo familiar se tratase. Y qué mejor para ello que pedir que dejen entrar a los menores.

“Mister Adelson” está jugando a ser un “Mister Marshall”. La clase política cree que esta locura es una de esas megalomaníacas “inversiones” que traerá consigo un jugoso rédito electoral. Lo cierto es que de inversión tiene realmente poco, dadas las excepciones tributarias y los terrenos cedidos que pide a cambio de su iniciativa. Quién sabe si habrá otra clase de beneficios subrepticios. Se reproduce así la vieja práctica de una política caciquista y cargada de personalismo. La vieja tradición de las grandes obras logradas por grandes nombres.

“Mister Adelson” está escupiendo en la cara a una sociedad consternada por el desempleo al enumerar sus exigencias. Toda negociación conlleva que cada una de las partes tenga por objetivo tender a su extremo más favorable. Pero este vil empresario se aprovecha de varios factores: la situación macroeconómica del Sur de Europa, la complacencia de unos gestores políticos necios que no obedecen a intereses comunes, y la ignorancia o la desesperación de una parte de la población que se ha creído que cualquier negocio es bueno siempre que genere empleo. Al emprendedor no se le cae la cara de vergüenza al demandar que se modifiquen leyes aprobadas tras años de lucha y debate mediante complejos mecanismos políticos que no se han logrado de la noche a la mañana. No duda al intentar crear un emirato con sus propias reglas (laborales, fiscales, de salubridad, de prevención de la ludopatía, de gestión del suelo y de los recursos naturales, etc.). En un mundo justo a este energúmeno se le habría puesto en su sitio y se le habría declarado persona non grata.

Pero los caciques que gobiernan esta maldita península, que en tales momentos tan sólo parece un forúnculo de Europa, no dudan en sonreír y doblar el espinazo frente al jeque estadounidense, que no sólo esconde un as en la manga, sino la baraja entera. Queda así una vez más demostrada la primacía de la riqueza en las decisiones políticas, la soberanía de las grandes cuentas corrientes, el poder del dinero: ya sea por la importancia exagerada que se le otorga a los ingresos que supondrían los empleos precarios y los gastos de los turistas y visitantes o por la admiración hacia quien se presenta en el Reino con una billetera a modo de pasaporte.

Esperemos que ahora que nos habíamos librado del Gran Scala, el proyecto Eurovegas no logre cuajar ni aquí ni en ningún otro sitio que desee un modo de vida digno de respeto.